Se siente inquieta, ese sentimiento no le gusta y mientras va caminando junto a su marido, se frota las manos incomoda. Esta nerviosa, este evento le produce una ansiedad y una desazón que no alcanza a comprender. Esta segura de no tener motivos para sentirse así, así que atribuye el malestar que siente a tener que acudir a la fiesta cuando no le apetecía nada hacerlo. Hasta unos días antes pensó que podría librarse de asistir, pues a Vladimir iba a acompañarlo su hija Shasa por motivos de trabajo, y este hacia todo lo posible para que ellas se vieran y se soportaran lo menos posible, pues de todos era sabida la antipatía que su hijastra le procesaba, la cual no dudaba en mostrar desde que tenia la mas mínima ocasión. |
08 julio 2008
En otra vida; la fiesta II
15 junio 2008
En otra vida; la fiesta I
Los días transcurren deprisa y la temida noche del sábado llega, Katia se prepara despacio, sin apenas ganas, y Vladimir, exasperado, la espera en la sala. la hora del evento en la embajada francesa se acerca y si bien ya Sasha se encuentra en el salón junto a su padre, los coches y todos los miembros de seguridad están preparados, no pueden marcharse, Katia sigue sin aparecer y ya llegan tarde, para fastidio de Vladimir y éxtasis de Sasha, a la que le encanta ser el centro de atención y llegar a cualquier sitio cuando ya todos los invitados se encuentran presentes y ella puede acaparar toda su curiosidad.
los minutos pasan y cuando ya viendo que no baja, se dispone a buscarla, ella aparece; esta bellísima y el vestido, que su marido eligió para la ocasión, es espectacular, es negro y la tela se le pega como un guante a su cuerpo, moldeándolo perfectamente, los tirantes son finos marcando un profundo escote que deja ver el nacimiento de sus senos y toda la extensión de su espalda; la falda lleva una abertura que le llega hasta medio muslo completando el conjunto con unas sandalias de tacón fino, una cartera a juego y una peluca de ondulantes rizos rojo fuego que se complementa a la perfección con la mascara veneciana que le cubre la parte superior del rostro.
Vla: Querida -la espera ha valido la pena- estas preciosa, bella...
Ka: Gracias, siento el retraso –apenas mira a su hijastra, no son amigas, sabe que Shasa le tiene una profunda antipatía que no se molesta en disimular, pero ni siquiera sabe por que- nos vamos?
Vla: Por supuesto… -sabe que ella esta buscando una excusa para quedarse pero él esta tan contento que no va a dejar que le arruine la noche- Shasa, esta noche voy a estar muy ocupado, así que quiero que te ocupes de Katia y que no la dejes sola…. Entendido?
Sha: Por que yo? no tienes para ella un guardaespaldas? No voy a estar toda la noche haciendo de niñera!!!!!
Ka: Vladimir, no hace falta que me acompañe…. Puedo cuidarme sola… te lo aseguro!
Vla: Ya lo se querida, se que puedes hacerlo… pero no quiero que estés sola en ningún momento… esta noche voy a ser la envidia de todos los hombres que se encuentren en la embajada y no me gustaría tener que matar a nadie…. -se acerca al sofá y coge una estola de visón negra- nos vamos?
Ka: Si -deja que Vladimir se la acomode sobre los hombros- vamonos…
Y los dos salen del brazo, precedidos por Sasha, hacia el coche, una preciosa limousine blanca que enseguida llega a la embajada donde se celebra el cumpleaños del embajador francés en Suiza.
Al llegar, Vladimir haciendo gala de su caballerosidad, ayuda a Katia a descender del coche ante la atenta mirada de los invitados que llagan al evento al mismo tiempo que ellos. Tiene muchos planes de negocios para esta noche y eso le preocupa en exceso, no bromeaba cuando un rato antes dijo que no le gustaría matar a nadie esa noche, si alguien intentase acercase a Katia, no dudaría en hacerlo.
Por fin la noche del cumpleaños del embajador ha llegado, Lucas hace poco más de una hora que llego a la embajada y con ojos de lince analiza a todos los invitados que van llegando. Sabe que el momento de establecer contacto con el hombre que él cree, el Kaiser, ha llegado y por ello las horas previas encerrado en su hotel, se le han hecho interminables.
Según iba acercándose la noche los nervios y la tensión de todo el equipo, iban en aumento. En la habitación del hotel, los policías asignados al caso caminaban de un lado a otro supervisando los últimos detalles, afortunadamente, sobre el Kaiser pesaba una orden de búsqueda y captura de
Su contacto le aseguro que el, Vladimir Pushkin, vendría a la fiesta pero no lo ve por ningún lado. Son pocos los datos que tiene de el y ninguno concerniente a su vida privada. Para todos, Vladimir era un filántropo, benefactor de obras de caridad, pero el sabe, intuye, que no es oro todo lo que reluce. Como bien le decía su padre, nadie da duros a cuatro pesetas si no pretende luego cambiarlas por seis.
Del brazo de su marido entra al salón donde tendrá lugar la recepción. Esta incomoda, esa mañana se levanto intranquila y según van pasando las horas su angustia va en aumento, desde que la noche anterior Vladimir le comento que en la recepción tendría lugar el contacto con su próximo colaborador poco, sin saber por que, había podido descansar.
Cuando dan las ocho de la noche, todo el mundo esta sentado en el sitio que les han asignado para la cena. El salón esta en penumbra y por fin empiezan los camareros a servir los primeros entrantes, una música suave suena al compás de las conversaciones de los comensales. Algunos sin mascaras y otros, a pesar de lo incomodo que pueda parecer, con ella todavía puesta. Lucas sentado al lado de dos señoras, come despacio, sin prestar atención a la conversación, ni a las insinuaciones de una de ellas, lleva un traje negro con una camisa negra y una corbata de seda también negra que es, desde hace tres años, su color favorito. Apenas saborea la comida, el saberse tan cerca de su enemigo le produce una rigidez y una dicha difíciles de expresar.
Lucas pasea su mirada entre la gente buscando a su objetivo y sin esperárselo se encuentra con la mujer más sensual que ha visto nunca, tiene el pelo largo, rizado y rojo que se le hace parecer llamaradas de fuego, un cuerpo divino y una espalda hecha para ser besada desde el cuello hasta donde esta pierde su nombre, sin querer algo dentro de el se revuelve y el corazón le late a la velocidad de la luz, cierra los ojos sobrecogido por la sorpresa y cuando los abre ella ya no esta ahí. Ha desaparecido
Esta sorprendido y la busca con la mirada hasta volver a encontrarla, es preciosa, no puede verle el rostro pues ella lo oculta con una mascara pero sus hombros brillan como si millones de estrellas los anidaran, sus pechos son pequeños pero parecen querer emerger del escote del vestido, sus caderas se mueven insinuantes al ritmo de la música, mientras escucha lo que otra mujer le esta diciendo, y Lucas esta totalmente hipnotizado por ella. No puede creerlo y consternado deja de mirarla y se aleja del salón; su cuerpo después de tanto tiempo de celibato esta totalmente excitado y de un momento a otro esa excitación se hará evidente así que decide ir a buscar un wisky con hielo aunque lo que de verdad necesita es una ducha fría.
Después de haber cogido el wisky de la terraza donde esta puesto el buffet se entretiene analizando sus emociones, no se da prisa, le parece increíble la forma en que su cuerpo reacciono y se siente como un hijo de puta por traicionar a Sara de esa manera. Sabe que han pasado tres años, y que todos esperan que el vuelva a vivir, pero no puede, no puede serle infiel ni siquiera, como acaba de pasarle, de pensamiento. Ambos hicieron un juramento, si tu saltas, yo salto, si a ti te pegan un tiro, yo sangro, si tu mueres, yo muero contigo, aunque siga respirando.
Pensando esto tranquiliza su conciencia, su cuerpo no esta muerto, quizás su corazón si, pero no su cuerpo, es lógico que reaccione ante una mujer bella, sabe que no tiene importancia, pero por que entonces se muere por volver al salón y verla? Por que no se puede sacar su imagen de la cabeza? Por que le late el corazón como hace tanto no lo hacia?
30 mayo 2008
En otra vida; Despierta para mi.
La vio deslizarse bajo el coche con algo que parecía una bomba lapa, pero al instante de advertir su presencia en el hangar, tuvo la certeza de que nadie allí estaba al tanto de la maniobra que ella intentaba llevar a cabo.
Por un instante se quedo sin aliento, la imagen de Katherina, su malograda esposa, fallecida 20 años antes al dar a luz a su única hija, se le presentaba ahí, delante suya, bella y casi etérea, como si el tiempo no hubiese transcurrido hasta el día de hoy. Y al mirarla, lo supo, tenia que salvarla de la explosión, no podía permitir que muriese, no otra vez, no sin que el hiciese nada para evitarlo.
No podía detener el dispositivo de la bomba, y por la conversación que tenia lugar en el camión y que el escuchaba atentamente por radio, en unos minutos escasos, Lucas Fernández pisaría el primer escalón del trailer, para salir de el, en busca de su hermana. Y con ese único paso, que el creería hacia la libertad, la haría detonar fatal e irremediablemente.
Si permitía que ella estuviese en los bajos del trailer cuando esto pasara, la condenaría a una muerte segura, y casi sin pensar en lo que estaba haciendo ni importarle quien demonios era ella, corrió como si la vida se le fuese en ello y la saco a rastras del lugar del peligro antes de la detonación, y cuando esta tuvo lugar, mientras ella intentaba, inútilmente, safarse de sus brazos, la onda expansiva los lanzo, a ambos, varios metros lejos del trailer, ahora un amasijo de hierros, que ella miraba horrorizada, antes de perder el conocimiento.
Un jet privado los esperaba en un aeródromo cercano, no había tiempo que perder, ella no parecía estar gravemente herida pero aun así, respiraba dificultosamente y no recuperaba la conciencia. Ya de madrugada, cuando llegaron al hospital, que gracias a una buena suma en donaciones, atendía sus urgencias, todo un equipo medico los aguardaba preparados para lo peor. Desde el avión se les había informado por radio de la situación e incluso había un quirófano preparado en caso de que tuviesen que intervenirla quirúrgicamente. Tras un primer examen los médicos concluyeron que las lesiones no eran de consideración, afortunadamente solo unos cortes y magulladuras además de un brazo roto que le escayolaron enseguida pero iban pasando las horas y ella no recuperaba la conciencia, tras terminar el examen medico llevaba mas de seis horas inconsciente sin ninguna razón aparente, las pruebas y el scanner demostraron que tenia una ligera inflamación en el lado izquierdo del cerebro que de seguro era lo que la mantenía inconsciente, así que solo había que tener paciencia y esperar que esa inflamación cediese sin poder hacer nada mas.Pero esa hinchazón, a las dos semanas, estaba perfectamente sin que ello diera lugar a que ella despertara, ni diese ninguna señal de vida.
Era desesperante verla así, minuto tras minuto, hora tras hora, día tras día. Y así durante cuatro meses mas en los que, sin ninguna duda, todos los especialistas que la vieron coincidieron en el mismo diagnostico, coma voluntario, simplemente nada físico le impedía despertar, el problema era mental, sencillamente, dado la característica del accidente y el posible trauma posterior, ella no deseaba hacerlo. En el tiempo en el que duro el coma, el no perdió la esperanza, la quería a su lado. El destino le había puesto a Catherina nuevamente en su vida y esta ves, no dejaría que se la arrebatase. Era suya, la amaba, inclusive, antes de conocerla e incluso cierta vez, destrozo la sala de espera del hospital lleno de rabia y de impaciencia, pues verla como muerta entre aquellas sabanas blancas, un día tras otro, lo llenaba de angustia e impotencia, sin poder entender, el por que del trauma del que todos los doctores hablaban. Había visto la explosión pero ella estaba viva, entonces que la tenia sumida en ese sueño tan profundo del que no quería despertar.
No le costo mucho trabajo identificarla, Un simple repaso a las fichas policiales le dieron su nombre y sus apellidos, Sara Miranda Castro, cadete en practicas de la comisaría de san Antonio y además, hija, nieta y sobrina de policías. La tenia bien escondida pero aun asi que nadie se hubiese percatado de su desaparición era sumamente extraño, aunque a los pocos días el misterio quedo resuelto; su esquela había salido en los periódicos, así que la daban por muerta. La noticia era clara, una policía muerta en acto de servicio que recibía la medalla al honor de forma póstuma, y a la vez, una baza a su favor, Sara Miranda estaba muerta a ojos de todo el mundo asi que se quedaría con el tanto si lo quería como si no, y si nadie la buscaba, mejor que mejor para todos.
Los distintos médicos le hablaron de la posibilidad de que ella sufriera amnesia si alguna vez despertaba del coma, y el cada noche rezaba para que eso sucediese.Recuerda la mañana que despertó, El la admiraba, como tantas veces, mientras la terapeuta realizaba con ella la rehabilitación matutina, lo hizo de golpe después de proferir un grito de terror que los dejo helados, cuando abrió sus ojos color aguamarina se pudo leer en ellos perfectamente el pánico, el miedo y algo que despertó el cariño de ambos, la ignorancia, ella los miraba como un animalito asustado, sin saber donde estaba y por qué, mientras temblaba incontroladamente...
Vla: Shiitttttttttt, tranquila, no pasa nada - intenta acercarse pero ella reacciona asustada - estas a salvo, tranquila...
Ka: Quién... Quién es usted? Donde estoy?
Vla: tranquila, - intenta tomarle la mano pero ella la retira bruscamente -tranquila, estas bien, me alegro mucho de que hayas despertado, como te encuentras?
Ka: Dónde estoy? - tarda unos instantes en centrarse - Que hago aquí?
Terapeuta: Tranquila, no se asuste, todo esta bien, esta en el hospital, tuvo un accidente de coche y acaba de despertar, lo recuerda?
Ka: No - cierra los ojos intentando recordar - estoy muy confundida, no recuerdo.
Terapeuta: Bueno, tranquila, no importa, es normal, no se preocupe, suele pasar, ahora nos puede decir que fue lo que sucedio?
Ka: Yo... - abre los ojos desmesuradamente - no lo sé... no lo recuerdo - rompe a llorar desesperada mientras murmura abrazada a sí misma - yo... no recuerdo nada, Dios mío, no recuerdo... no recuerdo cual es mi nombre… quien soy!!!!A los pocos minutos de romper a llorar angustiada abrazada a sí misma con los ojos cerrados hubo que administrarle un sedante para calmarla y solo eso y las palabras de el lograron tranquilizarla, le murmuro palabras consoladoras sin sentido, le aseguro que no pasaba nada, que todo estaba bien, lo cual era cierto y solo el lo sabia, le hablo de lo mucho que la amaba, de lo que preocupado que había estado y lo que la había extrañado, y solo después de un rato, ella se durmió, no sin antes abrir sus bellos ojos, ya vidriosos por culpa del narcótico para dirigirle una mirada vacía, hueca, sin sentido, una mirada perdida.
Viéndola dormir se invento toda una vida de recuerdos comunes, mando a uno de sus hombres a comprar una alianza de matrimonio y se la coloco en el dedo marcándola de su propiedad. Jamás imagino que fuese a resultar todo tan fácil, pero fue así. Ella no recordaba nada y el le haría creer que siempre habían sido felices, que habían nacido el uno para el otro. La mantuvieron sedada, en una semiinconsciencia, hasta la mañana siguiente. Fue facil comunicarle que padecía amnesia, el con todo el fingido malestar del mundo le explico que no entendía como podía haberse olvidado de su vida, de su matrimonio, y ella rota de dolor no hacia otra cosa mas que llorar un día tras otro de tristeza y de rabia pues por mas que intentaba no conseguía recordar nada, ni siquiera a el, lo cual era basicamente imposible, aunque ella no lo sabia.
Así transcurrió un mes en el que poco a poco se fue tranquilizando, los neurólogos creían que nunca iba a recordar nada de su pasado y desde que lo acepto como un hecho, desde ese momento se vislumbro en ella una mujer fuerte, decidida aunque todavía perdida dispuesta a salir adelante por su marido, que la adoraba, y por ella misma.A petición de el, hablaba muy de seguido con una psicóloga que la ayudo muchísimo y que la asentó en la mente el comportamiento que ella, como su esposa, debía tener. Y si solo con verla se enamoro de ella, cada día que pasaba, su juventud y su vitalidad lo enamoraban más y más. Así, nació entre ellos una profunda amistad, juntos charlaban y hablaban del pasado que se invento para ella. Para su esposa, para Katia Pushkin.
23 mayo 2008
En otra vida
de lo que podría esperarse, apenas ha cambiado en todo este tiempo. Hay rostros nuevos y rostros ya conocidos, e incluso, el paso del tiempo, en algunas de estos rostros, ha dejado su indeleble huella. Pero todo sigue en su sitio. Las mismas mesas, colocadas igual, el mismo desorden, el caos. Todo lo que para el es tan extrañamente familiar.
Mientras cruza la puerta de la comisaría, probablemente por ultima vez, nota como todas las miradas se vuelven para mirarle, pero el hace mucho tiempo que se acostumbro a sentir la lastima y la pena de sus compañeros, de sus amigos. Hoy por fin, después de aquella terrible noche, ha tenido un buen día, o por lo menos, un día no demasiado malo. Hoy por fin ha tomado posesión de su ascenso en la comisaría Europea, la Europol. Después de hoy por fin va a poder dedicarse a perseguir la idea que lleva todo ese tiempo torturándolo. Por fin va a poder consagrarse a encontrar a ese que todos llaman el Kaiser, al hijo de puta sin rostro, al causante de la muerte de Sara, su Sara.
Los chicos le han preparado una despedida pero tras una copa, por no hacerles el feo, se marcha a su casa, a donde por otra parte, siente llegar. Todas las noches, al quedarse solo, ya sea dormido o despierto, sin excepción, la misma pesadilla lo persigue: la preparación del operativo en comisaría, la colaboración de Montoya y de toda la unidad, exceptuando a Paco y a Mariano, que nadie sabia donde estaban, el interés de Don Lorenzo en poner al tanto de toda la misión a la Interpol y a de Gold, la emoción de saber que el rescate de Carlota era inminente. La sonrisa de Sara, su te quiero furtivo y su moneda de la suerte volando en el aire para caer en su mano, dándole nuevamente y como siempre, cara.
Y así, noche tras noche, por suerte o por desgracia, las mismas imágenes, como si de un viejo film se tratase, vuelven nítidas a su mente, sin que ningún detalle, por insignificante que sea, se le pase por alto, hasta el momento de la explosión. Ahí todo se vuelve borroso, solo sabe que tras esta, perdió el conocimiento y se despertó, cuatro días después, con un agujero de metralla en el pecho. Una herida casi mortal, que de haber sabido que Sara había muerto, el mismo se habría ocupado de que verdaderamente lo fuese. Una y mil veces ha intentado recordar que sucedió, una mil veces se ha atormentado preguntándose que fallo. Lo tenían todo controlado, Salazar iba a entregarle a Carlota y finalmente la pesadilla Kaiser iba a terminar para los tres. Cuando Carlota estuviese con el, y ya se encontrase fuera de peligro, solo entonces, actuarían para detener a Salazar, a Allison y a Arrieta, ese era el trato. Pero sin saber como ni por que, desde su posición dentro del camión, las cosas se precipitaron. Carlota no estaba en el trailer y Salazar no estaba dispuesto a entregársela si antes no le entregaba los planos, cosa que por supuesto, él no estaba dispuesto a hacer. Solo se los daría si le decía donde estaba su hermana y una vez esta estuviese segura, solo entonces le entregaría el microfilm.Para Salazar nada estaba saliendo como esperaba y sin quedarle más remedio le revelo el paradero de su hermana. Recuerda sonreír y sabe también que fue la última vez que lo hizo. Justo en el momento en que le entrego los planos a Allison y abrió la puerta del camión, los agentes de la Interpol irrumpieron en el hangar y en aquel momento ocurrió. El ruido fue ensordecedor y todo salio volando por los aires, incluido el. El Kaiser, al igual que ellos, también tenía un plan B y prefirió sacrificar a su equipo, antes de que los arrestasen y estos pudiesen delatarlo.
A consecuencia de la detonación murieron muchos agentes ese día, además de la agente en prácticas Sara Miranda, y toda la banda de Salazar, pero como había dicho de Gold, eso solo habían sido daños colaterales, y finalmente habían logrado frustrar “el robo del siglo”.
En ese mismo instante a miles de km de allí, mientras el se tortura de nuevo en sueños por lo que paso, la lluvia repiquetea suave sobre los cristales de la mansión, fuertemente protegida por los mejores sistemas de seguridad, en las afueras de la ciudad. Lleva todo el día lloviendo, cae de forma parsimoniosa, casi sutil, envolviendo de una fina cortina el exterior de la casa que ella, una joven rubia, de precioso ojos azules, mira por la ventana extasiada, casi hipnotizada ante ese fenómeno de la naturaleza mientras, al mismo tiempo, Vladimir Pushkin, su esposo, sentado en el sofá de la amplia sala lee un libro distrayéndose muy a menudo, y dejando, de vez en cuando, que sus ojos dejen la lectura y se posen en Katia, su joven alumna y bella esposa.
La nota inquieta. A causa de la lluvia, no ha podido, o mejor dicho, el no la ha dejado salir en todo el día de la casa, y el sabe que eso la angustia. Muchas veces la ha sorprendido bailando y riendo, bajo una tormenta, sin importarle estropear sus exclusivos vestidos o sus costosos zapatos. Y tan solo esas veces ha sentido que ella, sin saber si quiera por que, era verdaderamente feliz, volviéndolo loco de celos esa felicidad.
Vla: De verdad querida -su voz suena molesta -no entiendo tu atracción por la lluvia. Llevas horas viéndola caer. Juraría que si te dejase, irías ahora mismo a correr bajo ella, descalza.
Ka: ¿Puedo?
Vla: ¿Estas Loca? Claro que no!!!!
Ka: Es que me gustan las tormentas, me apasionan y la lluvia así suavecita, me hechiza, me relaja -se entristece sin saber por que y le habla con reproche -Y tú deberías saber por que. Tú eres mi memoria, mi pasado.
Vla: Katia cariño, ya te lo he contado muchas veces, la noche que te pedí que te casaras conmigo y tu accediste, haciéndome el hombre mas afortunado del mundo, hace ya cinco años, llovía y tus lagrimas de felicidad se mezclaron con la lluvia. Cariño por eso te apasiona ver llover, pero eso no significa que vayas a coger una pulmonía cada vez que lo hace. Te amo demasiado para permitir que puedas enfermarte -ve como ella esta a punto de rendirse ante las lagrimas, se acerca y la abraza -no llores, sabes que no soporto verte llorar, por favor.
Ka: Vladimir, mis lágrimas son como la lluvia –le acaricia la cara dulcemente- Me siento muy afortunada y sabes que soy muy feliz a tu lado, te amo, pero quiero tener mis propios recuerdos, ya hace tres años del accidente y siento que jamás voy a recordar.
Vla: ¿Y que si eso pasa? Yo puedo contarte todo lo que quieras saber. No entiendo tu desesperación por saber más de lo que yo ya te he dicho...
Ka: Pero no es eso… es….
Vla: Déjalo…. Cambiemos de tema, este no me gusta. -Sabiendo reconocer una orden de su marido, Katia deja el tema que tanto la atormenta, su amnesia -¿Ya tienes el vestido para la celebración del sábado? Dusia me comento que Diego venia hoy, ¿te gusto alguno de sus diseños?
Cuando Katia, sin dejar de mirar por la ventana, va a contestarle, Dusia, el ama de llaves, una mujer encantadora que a ella le recuerda a alguien sin saber a quien, entra a anunciarles que pasen al comedor, pues la cena esta servida.
Ka: ¿Y Sasha? ¿No la esperamos para cenar?
Du: No señorita, Sasha llamo para avisar que esta noche se retrasa -tan discretamente como entro sale de la sala.
Vla: Tenemos problemas para descifrar los planos y los documentos que sustrajiste de la mansión Alberti. Están resultando mas complicados de transcribir que todos los anteriores. Ni siquiera el estupido de Ryan lo ha conseguido aun. Estoy rodeado de una pandilla de ineptos. Suerte tienen, todos ellos, que todavía me quedas tu!!!!!
Los dos juntos se dirigen al comedor, tal como Dusia dijo, ya la mesa esta puesta y cuando ambos toman asiento, esta les sirve la exquisita cena compuesta de consomé de carne, arroz con pollo y verduras y una delicada crema de limón, acompañado todo de un distinguido vino rosado, que uno y otro saborean con gusto.
Vla: Querida no me contestaste, ¿ya tienes vestido? Es la cena del embajador francés y quiero que luzcas más bella que nunca.
Ka: Ay Vladimir, ¿tengo que ir? -casi le suplica -No podría acompañarte Shasa, odio esas fiestas y…
Vla: -su voz suena cargada de recriminación, de enfado -Eres mi esposa Katia, no lo olvides, y estarás donde yo este. Siempre!!!!! Lo has entendido?
Ka: Por supuesto… perdóname, es la inactividad que me pone irritable… lo siento.
Vla: Y ahora dime… ¿ya tienes vestido?
Ka: Si, Diego me los trajo esta tarde, todos exclusivos y de tu gusto.
Vla: Perfecto, probablemente en esa cena este el experto en planos y sistematización con el que quiero contactar, me han hablado muy bien de el y tiene muy buenos contactos, así que también nos llevaremos a Shasa, necesitaremos todo su poder de seducción. Muy pocos hombres rechazarían su compañía. Y por lo que me han contado, este es un mujeriego empedernido, así que… caerá!!!!!
Ka: Lo se, todos lo hacen!!!
Vla: Katia, son solo hombres, que mas se les puede pedir. Tendrían que estar tan enamorados como yo lo estoy de ti para que no cayesen en la tentación, y eso es básicamente imposible…. Nadie podrá amarte nunca, como yo te amo.
Katia asiente emocionada y los dos salen del salón, como cada noche una partida de ajedrez, a medias, los espera en la sala y mientras Vladimir pone en la cadena de música un CD de jazz, Katia estudia los planos de su nuevo golpe. Podría considerársela una ladrona de guante blanco, y de las buenas además, pero sabe que esa es solo una de las muchas e ilegales habilidades para las que ha sido entrenada, inclusive, como a su marido le gusta recordarle, lo ha sido para matar. Porque es así de simple, matar o morir.