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09 marzo 2008

No, no Y no... ni de coña.

Una semana horrible, había pasado una semana horrible, La primeras horas, después de mi muerte, el temor a dormirme y a volver a soñar con los mismos sucesos me tenia paralizada pero a media noche ya no pude seguir acostada. Una idea se había instalado en mi cabeza y no me dejaba descansar. Tenia que saber que había sido de Luc, necesitaba saber que había pasado en Rusia. Sophie me había comentado que los franceses no salieron muy bien parados de esa guerra y yo quería conocer la historia y saber por que. Así que, tras comprobar que Carlota dormía, me vestí y salí al pasillo para, silenciosamente, dirigirme a la biblioteca, que aun permanecía abierta para todo aquel que quisiese estudiar.

Como la vez anterior, teclee en la wikipedia Napoleón en Rusia y espere. Mis ojos escudriñaban la pantalla buscando algún indicio de que no me estaba volviendo loca, algo que despejara mi mente y calmara la ansiedad y el miedo que sentía desde la noche anterior, algo que me asegurara que Luc había tenido un prospera y larga vida después de mi muerte pero, no la encontré. Al contrario, la pagina tardo un poco en abrirse pero al hacerlo lo vi y lo supe. Ahí, delante de mis ojos, tuve la información que buscaba, y mientras la leía con el corazón en un puño, entre desesperada y atónita, al ver la cifra de muertos, al ver el desastre que supuso esa batalla para las tropas francesas, tuve las más absoluta certeza de que mi capitán había perecido allí. No se por que demonios estuve tan segura que lo hubiese jurado sobre la Biblia de ser preciso.

Después de numerosos ataques a la sierra, la caballería francesa fue efectivamente destrozada. Los prusianos estaban enfrentándose ya al flanco derecho del Ejército Imperial cuando La Haye Sainte cayó a los franceses al principio de la tarde. Con el centro de Wellington expuesto, Napoleón empeñó su última reserva, la invencible Guardia Imperial. Después de marchar a través de una niebla de balas y metralla, parecían confiados en machacar a Wellington. Pero sin saberlo, 1.500 Guardias Británicos bajo el mando de Maitland estaban cuerpo a tierra para protegerse de la artillería francesa. Levantándose todos a una, devastaron a la sorprendida Guardia Imperial con descargas de fuego a quemarropa y después cargaron. La Guardia Imperial, por primera vez en su historia, retrocedió en desorden y caos. Wellington, juzgando que la retirada de la Guardia Imperial había desanimado a todos los soldados franceses que la habían visto, espoleó a Copenhagen, su caballo favorito, y ondeó su sombrero al aire como señal para un avance general.

Los días posteriores me los pase en la cama, me costo mucho superar, por lo menos medianamente, el horror de mi sueño pero cuando por fin lo conseguí, gracias a Carlota, entre las dos ideamos un plan para convertirme en miembro de las fuerzas de seguridad del estado, que diría mi padre, sin volverme loca en el intento. Todo lo que teníamos que hacer, según ella, era saltarme las clases de patrullaje. Total, para algo tenía a una empollona de mejor amiga, y para algo, también, venia de una familia de policías, con mis genes y sus apuntes tenia la asignatura aprobada. Y allí estaba yo, sintiendo como los ojos estaban a punto de salírseme de las orbitas en una mañana que además me prometía muy feliz. Había vuelto a clase convencida de que no iba a volverme a cruzar con el y ahora me arrepentía con toda mi alma de haberlo hecho. Había planeado todo, concienzudamente, para no volver, ya no a tocarlo, ni a verlo siquiera y allí estaba mirándome burlonamente, al parecer muy satisfecho de si mismo, me daba la impresión de que me había tendido una trampa y yo había caído de cabeza en ella, sin embargo eso no tenia ningún sentido, por que le iba a importar a él, el que yo fuera a su clase o no?

Clave mis ojos en el y palidecí por la sorpresa, que coño estaba haciendo el allí. No se suponía que había un profesor para cada materia? Y por que tiro, por que precisamente tiro? Por que la asignatura que de lejos era las que mas me apasionaba? Es que no me lo podía creer, por que yo? por que a mi?

Carlota me cogio de la mano intentando infundirme algo de valor tan asombrada, creo, como yo. Les había dicho a mis compañeras y al medico que me encontraba mejor, que me encontraba bien y recuperada de mi “gripe” así que aunque es lo que me pedía el cuerpo, mi mente y mi cautela, no podía salir corriendo del aula, aunque lo habría hecho con ganas, no tenia ninguna excusa para ello salvo enfermarme de nuevo. Y en una semana dos bajas eran muchas bajas, el medico me iba dar no apta si eso pasaba y mi mejor amiga no me lo iba a perdonar en la vida.

Se presento escuetamente, ya que todos obviamente le conocíamos, y tras explicarnos, brevemente, en que iba a consistir la materia, Pidió que hiciéramos grupos de diez, tantos como cubículos había, y que fuésemos probando el nivel de cada uno con un arma en las manos. Como pude, despacio, y sin levantar sospechas, salvo las de Sophie y Susi que ya estas alturas creo que me habían dado por imposible, me fui arrimando a la pared hasta quedar casi oculta entre mis compañeros. Me apasionaba disparar, hubiese dado lo que fuese por descargar mi miedo vaciando el tambor de la pistola, por cambiar el terror que invadía mi cuerpo y mi mente por un subidón de adrenalina al sentir la fuerza extrema de las bala saliendo del arma e impactando contra el objetivo, de verdad habría hecho lo que fuese para ello, pero no podía hacerlo, no con Lucas Fernández a mi lado, no viendo susurrarle a mis compañeras y a algún que otro compañero como coger un arma, guiarlo, con sus manos, a la posición en que debían colocarse para disparar y comentando, en voz alta, las precauciones a tener en cuenta al hacerlo.

El hablaba pausadamente, aunque me daba la impresión de que solo se comportaba así por ser el primer día, era un hombre bastante impaciente, al que no le gustaba repetir las cosas dos veces y yo estaba segura que después de esto, de esta iniciación, no iba a consentir ningún tipo de fallo en su clase. Desde mi casi escondite apenas podía verlo, gracias a los dos chicos enormes que me ocultaban, pero lo oía murmurar las mismas normas una y otra vez y suspirar de desanimo al ver las escasas dianas que mis compañeros estaban logrando. Se supone que intentaba infundirles tranquilidad, con un arma en la mano se necesita mucha y además mucho temple, pero a mi oírlo, mientras recitaba una y otra vez lo mismo, se me antojaba sumamente hipnótico. Su voz ronca, áspera, hacia que miles de mariposas revolotearan en mi estomago. Cosa que jamás me había pasado antes, ni con mi padre, ni con mi abuelo, que también me habían repetido esas mismas normas una y otra vez.
En silencio fui evaluando el nivel de mis compañeros que afortunadamente para mí, dado que lo hacían emplear más tiempo en enseñarles, lo básico, a cada uno de ellos, no era muy alto. Era consiente de que, sin pretenderlo, había entrado en un bucle y cada pocos segundos miraba el reloj. La hora que había transcurrido se me había hecho eterna y temía la siguiente que faltaba. Todavía estaba con el segundo grupo y yo rezaba para que se pasase la hora y que se entretuviese tanto, con cada uno, que no le diese tiempo a llegar a mí.

Tenia que evitar que me tocase, a toda costa tenia que evitarlo.


Los minutos siguieron pasando, excesivamente despacio para mi, demasiado apresurados para mis compañeros, que exaltados comentaban entre ellos, lo que habían sentido al tener el arma entre sus manos. La ansiedad y el miedo a lo desconocido primero y la sensación de poder al final. Y eso es precisamente lo que yo necesitaba, que la adrenalina fluyese libremente por mis venas hasta hacerme olvidar toda esa maldita semana. Desesperada buscaba la manera de hacerlo sin comprometer mi salud mental. Habría alguna posibilidad de volver al aula cuando no hubiese nadie?, era una pregunta tonta…. Por supuesto que no!!!!!!


Me había distraído por un momento, saboreando el olor a pólvora, y al volver a tomar conciencia vi horrorizada como la última chica del tercer grupo se quitaba los cacos y las gafas con una sonrisa vanidosa y complacida en su cara. Había hecho tres dianas de cinco pero se comportaba como si hubiese hecho pleno, era obvio para todos que ella se creía lo más. Ciertamente era la mejor, con diferencia, hasta ahora y lo sabía. Nuestros compañeros la miraban emocionados como si fuese el descubrimiento del siglo, pero a ella le daba igual, solo tenia ojos para el instructor y el verla sonriéndole coqueta me puso de mal humor, aunque lo que de verdad me puso de mala leche fue que el le devolviera la sonrisa pensando quizás que era lo mejor que iba a encontrar en esa clase. Imbecil!!!!


Como pude aparte la vista de ellos y volví a mirar mi reloj asombrada. Veinticinco minutos, en veinticinco minutos había despachado a todo un grupo, a diez estudiantes novatos y ya se dirigía al ultimo, es decir al mió, indicándonos que nos colocásemos en las cabinas y que prestásemos mucha atención.

Ligeramente esperanzada me dirigí a la ultima de ellas, era prácticamente imposible que le diese tiempo a llegar hasta mi, tendría que dedicarle solo tres minutos a cada uno de mi grupo para lograrlo y tres minutos era un tiempo ridículo para cualquier cosa salvo para ir a hacer pis en lo que se te calienta la comida en el microondas, para todo lo demás solo eran dos estupidos minutos.

Casi no podía respirar, no estoy muy segura si era el aire que no entraba en mis pulmones o directamente es que no salía, creo que desde hacia unos minutos estaba manteniendo la respiración flipando con el cariz que había tomado el asunto. En lo que el diablo se rasca un ojo me tocaba a mí disparar. Con una rapidez inusitada se había quitado de encima a los nueve estudiantes que me precedían y resuelto se dirigía hacia mi con su carpeta en la mano preguntándome, sin ninguna necesidad, al fin y al cabo era la única que faltaba por disparar, mi apellido.

Lu: Miranda, póngase los cascos, las gafas y colóquese en posición –me dijo mientras a mi me temblaban hasta las pestañas, estaba hiperventilando, por que demonios nadie lo notaba?- No se preocupe, es normal que el arma la intimide en un principio, pero ya vera como no es nada. –el arma? A mi no me daba miedo el arma, me daba miedo él, me daban miedo sus ojos color coca cola y sobre todo me daba pavor que pudiese tocarme y con ello, llevarme lejos de allí otra vez- Colóquese ahí y… -su mano se acercaba a mi cintura para posicionarme, iba a tocarme, podía sentir su aliento en mi hombro, tenia que hacer algo, pero el que…..

Sa: No estoy intimidada, Se disparar, y no hace falta que me enseñe como colocarme- las palabras salieron de mi boca sin procesarlas siquiera.


Lu: Perdón? –por lo menos logre dejarlo sin palabras, sus ojos me miraban indignados, atónitos.


Sa: Se disparar, lo he hecho muchas veces, y se colocarme… no hace falta que me enseñe. –me temblaba la voz de miedo, y se que me comporte de forma ostentosa y engreída, pero tenia que evitar que me pusiera un solo dedo encima. Mi cordura dependía de ello.


A diferencia de lo que creí que iba a pasar, Lucas se hizo a un lado y me dio carta blanca para disparar. Podía sentir la mirada de todos mis compañeros, aparte de la de el, clavadas en mi nuca. Estaba temblando de ansiedad. Igual si le demostraba que no había nada que pudiese enseñarme en esa asignatura, me dejara cambiarla por cualquier seminario, por cualquier clase donde el, simplemente, no estuviese.

Antes de coger el arma, vibraba de excitación y anticipación. Por fin iba a tener mi ración de adrenalina y además me iba a quitar el problema más acuciante que tenia, de encima. Sin dudarlo, sintiendo la sangre correr rauda por mis venas y sin que, milagrosamente, me temblaran las manos, agarre la pistola y dispare al monigote de la pared sin fallar ni un solo tiro, tal como yo sabia que iba a pasar.

Lo había hecho, estaba libre…. Lastima que esa sensación solo me durase un instante. El instante que tardo el profesor Fernandez en anunciarle a toda la clase que yo iba a ser su ayudante en lo que durara el semestre. No podía pensar, los aplausos y las felicitaciones me apabullaron. Yo no podía convertir en su ayudante…. Además…. ayudante yo de que…. Si estaba para que me ayudaran a mi… que me estaba volviendo loca… que desde hacia una semana no regia… No podía hacerlo, simple y llanamente no podía y el tenia que entenderlo y si me echaba pues que me echase.

Espere, o mas bien Carlota me hizo esperar, hasta que mis compañeros abandonaron el aula y entonces me acerque hasta su mesa de donde el estaba recogiendo una mochila y carraspee para llamar su atención.

- Si? – me miraba interrogante como si supiese que yo iba a declinar su oferta- Pasa algo?

- Si, vera… yo… vera…. –por que demonios tenían que resultarme tan familiares sus ojos - yo no puedo aceptar su oferta…. Pero se lo agradezco.

- Oferta? Yo no le hecho ninguna oferta, le he dado una orden, pero considerando que fuese una “oferta”, que razón tendría para rechazarla?

Me había pillado, que razón podía darle…. Desde luego podría haberle dicho… es que mire profesor la dos veces anteriores que ha tenido la fatalidad de tocarme, yo me he visto transportada al pasado, en una pesadilla que termino con mi muerte a manos de su psicópata prometida, pero me temo que no me habría creído, casi no me lo creía ni yo.


- Es que… es que….

- No quiere hacerlo? Es eso?

- Si… -una sonrisa de alivio apareció en mi cara hasta que vi la suya- No… eso no es.

- Bien, me preocuparía mucho su falta de colaboración hacia mi y sus compañeros… -se levanto dispuesto a irse y se coloco a mi lado, para dar por finalizada la conversación, haciendo que yo me apartara un paso de el- Si eso es todo…?

- Pero yo no puedo ser su ayudante… no puede obligarme!!! –en mi voz se leía el pánico y mi actitud era infantil y ridícula a ojos de cualquiera –por favor…. –estaba suplicando pero me dio igual.

- Señorita Fernández, esto no es una guarderia, es la academia de policía, aquí los superiores dan ordenes y los estudiantes y cadetes las ejecutan…

- Pues no lo voy a hacer…

- Esta en su derecho. –estaba controlándose para no mandarme a la mierda- Yo se lo acabo de explicar, es fácil, es sencillo pero si no puede entenderlo siempre puede abandonar…. Ni la primera ni la ultima. –Ya iba saliendo por la puerta cuando se giro para decirme- Si cambia de opinión la espero en mi despacho a las cinco para concretar sus obligaciones… Si no… Que tenga buena suerte.

Se marcho y me dejo allí acordándome de toda su familia, maldiciéndolo por haberme elegido como su ayudante. Por haberme invitado a abandonar la academia…. Ni la primera ni la última, me repetía haciéndole burla…... JA…. No iba a hacerlo, no iba a convertirme en su ayudante solo por que ese imbecil me lo hubiese ordenado…. Ni de coña.!!!!! No iba a hacerlo, no iba a hacerlo y no iba a hacerlo.





25 febrero 2008

Que chulita la niña.

No deje de pensar en ella en todo el día. Debía concentrarme en preparar la clase de patrullaje, una asignatura aburrida y monótona, que gracias a mi novia debía dar yo los próximos diez días, además de la mía propia. Y yo no patrullaba desde que fui becario. Había que joderse.

Reconozco que cuando tropezamos en el pasillo, yo no fui muy amable que digamos, al contrario, me porte como un patán, pero es que estaba furibundo con Mónica, mi novia. Justamente acabábamos de discutir y yo le había cerrado la puerta de su despacho en las narices. De acuerdo que era mi novia y yo le debía, como odiaba esa palabra, consideración y respeto, pero que pretendiese que pidiese mis días de asuntos propios para acompañarla a ver a un tío de su padre, montado en el dólar y moribundo, ya era pasarse de castaño oscuro. Llevábamos ya dos años juntos y aunque al principio era muy independiente, con el tiempo se había vuelto celosa, desconfiada, autoritaria, controladora. No podía dar un paso sin que ella lo supiese por que de no ser así, ya tenía la bronca montada. Incluso llegue a intentar muchas veces dejarla, pero sus ruegos y sus suplicas siempre terminaban conmoviéndome y yo accedía a darle una segunda oportunidad y ya había perdido la cuenta de cuantas iban.

Y entonces, esa niña casi se me echo encima. Perfecto, lo único que me faltaba para rematar el día, una torpe metida a policía. Joder. Sin pararme a pensar mucho pague mi cabreo con ella, que casi tartamudeando intentaba disculparse. Y eso todavía me irritó más, así que como un imbecil le espete que tuviese cuidado, ella volvió a disculparse esta vez de malos modos. Visto lo visto, yo me puse gallito y, para mi sorpresa, ella se me puso chula. Yo me pase con ella, Es cierto, aunque caminar de espaldas por un pasillo atestado de gente tampoco era muy inteligente que digamos.

Prometo que no pensaba, al día siguiente, avergonzarla frente a todos haciendo mención a nuestro encontronazo, pero joder, lo menos que se espera de una alumna en su primer día de clase es que prestase la mayor atención posible, y vale que no me mirase, pero coño, que mientras yo hablaba ella pintaba corazones rosas en su libreta sin disimular que no estaba poniendo atención y oye, que uno tiene su orgullo profesional. Además, cuando ya todos habían salido del aula intente disculparme por mi trato de la tarde anterior y ella no me dejo, me miro a los ojos y salio prácticamente corriendo, otra vez. Y no se por que, su huida me produjo desconcierto y una inesperada desolación. Desde cuando era yo tan sentimental?

Y así me vi, una semana, una semana entera, o lo que es lo mismo, siete días, sin verla, sin que ella hubiese vuelto al aula, y yo no me la podía quitar de la cabeza.

Supe que había estado enferma por Héctor, el medico de la academia, pero ya hacia dos días que este le había dado el alta y la señorita no se había dignado a regresar a clase, cosa que a mi no me hacia ninguna gracia.

El octavo día ella no había regresado al aula, ahí, con dos cojones, como si se pudiese permitir perderse esa clase, y la culpa de ello me atosigaba a mí. Culpa que sus compañeras de banco, me transmitían con la mirada. Joder, que tampoco había sido para tanto.

Durante las tardes, solo en mi despacho, se me ocurrieron cientos de ideas para hacerla asistir a clase, desde poner un límite de faltas injustificadas hasta hacerla saber por sus amigas que de seguir así, tenía ya la asignatura suspendida, pero, aparte que patrullaje me importaba un carajo y que yo ni siquiera le estaba poniendo falta, ya se encargaría de eso Mónica cuando regresase, sabia que mas tarde o mas temprano la tendría frente a mi otra vez. Podía intentar no verme en la clase que sabia que yo impartía, pero en la que no lo sabia? Ahí jugaría a mi favor el factor sorpresa y solo de pensar en tenerla nuevamente frente a mí, la ansiedad me invadía por completo.

Creo que nunca me había dirigido a mi aula tan contento como esa mañana. Me encantaba mi asignatura. Solo por ella había dejado la calle y me había metido a instructor. El saber que la vida de los chavales, una vez en sus destinos, podía depender de lo que yo les enseñara me otorgaba una enorme satisfacción personal.

Se oían las voces desde el pasillo. El bullicio y la excitación se respiraban en el ambiente. Por suerte para mi, las clases de tiro son la asignatura que mas gusta entre los alumnos, ya pasaba así cuando fui yo a la academia y supongo que siempre será de la misma manera.

Busque su cara nada mas entrar en el aula de tiro, y vi como le cambiaba al verme. Contenta, lo que se dice contenta, no creo que se pusiese. Estoy seguro que si las miradas matasen, yo habría caído fulminado en ese momento. Me miraba fijamente sin poder creer que fuese yo el profesor que iba a impartir esa asignatura. Punto para mi, había funcionado el factor sorpresa.

Uno a uno los fui colocando delante de las cabinas de tiro. En grupos de diez, en total hacían cuatro grupos. Todos, absolutamente todos, estaban deseosos de empezar a disparar, todos menos ella, que disimuladamente como si no me diese cuenta, se iba escondiendo tras los compañeros que iban quedando. Viendo su estrategia no me cabía ninguna duda que ella iba a ser la numero cuarenta.

Tras evaluar a los tres primeros grupos, donde solo habían dos que prometían, por fin le llego el turno al ultimo, ella se hubiese escondido debajo de una piedra de haber podido, pero no había ninguna cerca.

Estaba nervioso, yo estaba nervioso. Notaba como me temblaban las manos y cuánto mas me acercaba ella, mas nervioso me iba poniendo. Iba a tocarla aunque solo fuese de una manera profesional iba a hacerlo. Joder!!!!!

Apure al máximo a los alumnos que la precedían, que por cierto no dieron ni una, y me acerque intentando parecer lo más desinteresado posible. Hasta ese instante había evitado mirarla, no quería que saliese huyendo como las veces anteriores. Pero al preguntarle su apellido, cosa mas que obvia pues era la única que faltaba en mi lista, para anotar su puntuación, me permití observarla un momento. Era preciosa, lo mas bonito que había visto nunca, en mi vida. Nunca

Lu: Miranda, póngase los cascos, las gafas y colóquese en posición -le dije mientras ella me miraba ¿asustada?, por que coño tenia que estar asustada? Si le daban miedos las armas, mal asunto- No se preocupe, es normal que el arma la intimide en un principio, pero ya vera como no es nada. –intente tomarla del brazo pero ella evito mi contacto- Colóquese ahí y… -no me dejo terminar la frase, antes de que pudiese ponerle la mano en la cintura para colocarla en posición, me corto con una frase seca.

Sa: No estoy intimidada, Se disparar, y no hace falta que me enseñe como colocarme.

Lu: Perdón? –estaba flipando, literalmente

Sa: Que se disparar, lo he hecho muchas veces, y se colocarme… no hace falta que me lo hagas tu.


Me quede callado, patidifuso. La sangre me hervía en las venas, que coño le pasaba a la niñata esta, que se pensaba? que yo tenia una enfermedad contagiosa que le pudiese transmitir o que. El resto de los alumnos me miraban interrogantes esperando mi reacción, estaba claro que para ellos la actitud de Miranda, había sido una falta de respeto censurable y sancionable. Pero mis años en la academia me habían enseñado que todo caía por su propio peso así que me retire y deje que ella solita se pusiera en ridículo.

25 noviembre 2007

Me voy!!!!!!!!!!!!!!!

Intente por todos los medios que mis compañeras de cuarto no se despertaran pero no lo conseguí. Mis sollozos desgarrados las fueron despertando una a una, y aunque ya casi había amanecido yo sentía como si la oscuridad se hubiese cernido sobre mí. Carlota visiblemente preocupada, y tras saltar literalmente de su litera, me zarandeaba intentando, inútilmente, que yo dejase de llorar, de temblar cual niña del exorcista y saliese del estado histérico en que me encontraba. Sophie mientras tanto, me ponía una toalla, que acababa de mojar, en la frente empeñada en que estaba ardiendo en fiebre, lo cual para mi era del todo ilógico pues sentía mi cuerpo frió como el hielo, y Susi insistía que lo mejor era llamar al medico de la residencia o acercarnos a un centro de salud.


Afortunadamente Sophie detuvo a Susi justo cuando iba saliendo por la puerta de la habitación dispuesta a contarle al doctor de la residencia lo que me estaba ocurriendo. Era obvio para cualquiera que me viese, en ese estado, que estaba sufriendo una crisis de histeria, mucho mas para un medico, y si este me determinaba tal diagnostico probablemente mi carrera policial se acabaría incluso antes de comenzar. Así que antes de llamar al medico tenían que lograr que me calmase como fuese si no querían que el remedio fuese peor que la enfermedad.


Yo, poco a poco, me fui calmando, creo que sus voces, murmurando, actuaron como un bálsamo para mis nervios. Eso y que Carlota, viendo que no conseguía nada, dejo de zarandearme y se acostó a mi lado para abrazarme mientras me susurraba palabras tranquilizadoras al oído. Me acuno jurándome que no pasaba nada, que todo estaba bien y tan solo había sido una pesadilla. Lo hizo como muchas veces antes lo había hecho mi madre cuando despertaba en medio de la noche llorando asustada. Como si fuese la misma niña que tantos años atrás temía a la oscuridad, por que eso es lo último que había visto en mi sueño…. Oscuridad. La misma que me había aterrado desde mi más tierna infancia, la misma que volvía a acecharme inhumanamente, y ahora lo comprendía… entendía mi irracional miedo a la falta de luz por que esa oscuridad la había visto claramente en mi sueño justo en el momento de mi propia muerte.


Tuvo que pasar un bien rato hasta que logre tranquilizarme del todo. Mis compañeras cuando vieron que eso sucedía comenzaron a preguntarme el motivo de mi angustia. Obviamente las tres querían saber que me había pasado, que demonios me había llevado a ese estado, pero yo tan solo podía, con la voz aun entrecortada y asustada, contarles que había tenido una pesadilla, una horrible pesadilla de la cual me negué a dar datos. Bastante me costaba ya revivir el momento de mi muerte en mi cabeza como para relatarlo en voz alta también.


Como al parecer, tras verificarlo también con un termómetro que Susi encontró en el botiquín del baño, si tenía fiebre, enseguida llegaron a la conclusión de que ahora si estaba en condiciones de que me viese el medico y que seguramente era culpa de la calentura el estado en el que me había despertado, que esta me había hecho delirar y creerme el delirio de mi alucinación.


Susi, ahora si que nadie la detuviese, fue a buscar al medico, que resulto ser un chico encantador y que tras examinarme llego a la conclusión de que probablemente estaba incubando algún virus, aunque quizás solo fuese producto del stress, al irme la academia un poco grande en mis expectativas, como ya el había visto otras veces, lo que mis compañeras enseguida negaron vehemente aun sin estar ellas completamente convencidas. Era un resfriado que me había traído de Madrid, Carlota incluso aseguro que ya en el tren me encontraba mal. si, sin ninguna duda tenia que ser eso.


Instituyo que fue tal el ímpetu con la que defendieron mi diagnostico que al doctor Morales no le quedo de otra mas que concederme unos días de reposo, unas medicinas para la fiebre y la congestión, la cual era mas producto de mi llanto agonizado que de una inminente gripe y la promesa de visitarme al día siguiente para saber que tal seguía.


El hecho de saber que no tendría que ir ese día a clase me reconforto un poco, necesitaba pensar que demonios iba a hacer a partir de ahora, por que si de algo estaba segura era de dos cosas… la primera que mi sueño no había sido producto de la fiebre, y segundo, no quería volver a ver a Lucas, Luc o como se llamase, en lo que me restaba de mi vida.


Durante ese día no me moví de la cama si no para ir al baño y poco mas. Aunque hacia muchísimo calor, según mis compañeras que en cada cambio de clase se pasaban por allí a preguntarme si necesitaba algo, yo sentía el frió instalado en mi cuerpo y ni siquiera la manta que me arropaba lograba atajar, en algunos momentos, los escalofríos que me sacudían, ni hacerme dejar de temblar. No volví a conciliar el sueño aun sintiéndome mas y mas cansada por momentos, tampoco logre comer nada, ni ingerí los medicamentos que me había dejado el doctor. No tenia fuerzas para nada y tan solo un único pensamiento llenaba mi cabeza cuando lograba olvidar un ínstate la pesadilla. Tenía que marcharme de allí, tenía que volver a Madrid, a mi casa, con mi familia. Yo sabia que no estaba resfriada y las palabras del medico se me repetían insistentemente y en algunos momentos ponían un poco de cordura en mi cabeza. Era completamente ilógico e irracional que yo hubiese vivido mi propia muerte que de haber sucedido tal cual, lo había hecho muchos años atrás. Quizás yo, sencillamente… no servia para ser policía.


Al transcurrir el día mi nerviosismo iba en aumento al igual que la determinación de abandonar la academia a la mañana siguiente, ante la imposibilidad de hacerlo inmediatamente, y para colmo de males se había instalado en mi cabeza una idea que no dejaba de torturarme minuto tras minuto…. Había pagado la condesa su crimen o mi muerte había quedado impune? Y Luc… que había sido de el… se había recuperado de mi muerte? En realidad me amaba y era cierto el dolor y el pánico que había visto en sus ojos? Y por que demonios me preocupaba todo eso si lo único que yo quería era olvidarlo….


- Sara, te encuentras mejor -el horario de clases había terminado y Carlota acababa de entrar en la habitación con una bandeja de comida y el permiso para llevármela hasta el dormitorio por prescripción medica.


- No lo se Carlota -estábamos solas, Susi y Sophie, por deferencia hacia nuestra amistad se habían quedado en la sala común viendo la tele, así que podía sincerarme con mi mejor amiga si quería, pero… quería?


- Sarita me vas a contar la verdad? -me ofreció la comida pero viendo mi cara de angustia opto por dejarla sobre la mesilla y sentarse en la cama a mi lado- Que fue lo que soñaste que te puso así?


- Nada… una tontería.


- Por una tontería no te puedes haber puesto así…. Con que soñaste… dímelo!!!!


- Soñé con el!!!! -la cara de Carlota mostró sorpresa tras mis palabras, ella era mi mejor amiga y sabia a ciencia cierta que en mi vida no había ningún “el”


- El? -me miraba intentando decidir que aptitud tomar- Sara, quien es el? De quien me estas hablando?


- Carlota se que vas a pensar que me estoy volviendo loca y seguramente tengas razón… creo que estoy perdiendo el juicio por momentos y no puedo hacer nada para evitarlo…. Estoy desesperada!!!! –sin poderlo evitar comencé a llorar de nuevo haciendo que Carlota me abrazase nuevamente intentando consolarme y que yo me aferrase a ella como a un salvavidas en medio de un naufragio.


- Sarita por Dios… no me asustes y cuéntamelo todo…. Seguro que no es nada!!!! Dime, para empezar, quien es el?


- El hombre de mi sueño, el militar francés... Lo recuerdas? -ella asintió con la cabeza confundida- Carlota…Luc, es el profesor Fernández!!!!


- Sara no entiendo nada… el profesor de patrullaje?


- Sabes el primer día… -cerré los ojos conmemorando el principio de mi agonía- cuando tropecé con el?


- Si, cuando ibas caminando de espaldas.


- Cuando el me sostuvo para que no me cayese tuve una visión Carlota….


- Una visión? –indudablemente Carlota no entendía nada de lo que intentaba explicarle.


- Me vi en una glorieta vestida de época y el… ese tipo me agarraba de la misma forma en que lo hizo en medio del pasillo… Pensé que había sido producto de los nervios y el cansancio pero esa noche, cuando me dormí… volví a retomar el sueño en ese mismo sitio…


- El sueño que nos contaste?


- Si… pensé que había sido eso… solo un sueño pero al volver a tocar a ese tío….


- Que tío? -estaba claro que Carlota, si bien estaba intentando seguirme no daba pie con bola ante mis explicaciones.


- Carlota… a quien va ser? Al tal profesor Fernández…. Cuando lo toco, retomo el sueño donde lo deje. -me sentía mas y mas tarada por momentos…. Era tan irracional lo que estaba contando.


- Bueno, pero fue un sueño bonito, no? Nos dijiste que te había besado…


- Si, fue bonito… esa parte fue bonita… pero ayer, cuando el me cogio del codo, te acuerdas, para disculparse...? -Carlota asintió intrigadísima- pues cuando sentí sus dedos en mi brazo volvía tener otra visión.


- No me jodas –el escuchar esa expresión de la boca de mi amiga me hizo sonreír, estaba absolutamente anonadada.


- Estaba otra vez con Luc, el militar de mi sueño, pero esta vez nos encontrábamos en una biblioteca antigua y yo intentaba convencerlo de que me amaba…. Y ahí comenzó anoche mi sueño.


- Y que paso en el sueño… te rechazo?


- No Carlota -tan solo el hecho de recordarlo hizo que volviese a llorar- me morí!!!!!!


- Que????? –ahora mi amiga me miraba horrorizada y aturdida, en el fondo de su memoria una premonición se abría hueco buscando la luz


- Yo… -procedí, entre sollozos, a contarle mi sueño viendo como su expresión iba desde la incredulidad hasta el desconcierto pasando por el miedo y la inquietud- Carlota se que no lo soñé, se que fue mas que eso… recuerdas lo que me dijo la adivinadora?


- Cada palabra desde que comenzaste a relatarme esto, amiga…


- Y que piensas? -en mi fuero interno esperaba que me dijese que era todo un disparate producto de la calentura, no podíamos estar locas las dos, y a si lo hizo.


- No lo se Sara….Quiero pensar que la fiebre te hizo delirar y recordar lo que esa gitana nos contó… que crees tu?


- Carlota me morí… sentí como esa mujer me mataba y como la sangre abandonaba mi cuerpo sumiéndome en la oscuridad…. –en la oscuridad que tanto me aterraba- Y no estaba soñando.


- Sara…


- Me voy a ir!!! -se lo anuncie así de sopetón por que en el fondo de mi alma sentía que estaba traicionando a mi mejor amiga- me vuelvo a casa.


- Que? -Perpleja y horrorizada- No Sarita… no puedes hacer eso!!!


- No puedo seguir aquí… Y si es este lugar lo que me ha producido esto…?


- Y si no lo es…? Sara, si vuelves a casa le vas a dar la razón a tu padre… le vas a confirmar que tu no sirves para policía, ni para abandonar el nido…. -inquieta, se paseaba por el cuarto no acabándose de creer lo que yo acaba de anunciarle- Si vuelves vas a estar toda tu vida trabajando con Lola en lo Cachis y tu no puedes hacerte eso a ti misma, no puedes!!!!!


- Y que hago Carlota? –desesperada me lleve las manos a la cara y me tape los ojos, con fuerza, en un burdo intento de hacerme invisible para no sentir- Que hago? Me estoy volviendo loca!!!!! Joder…veo visiones!!!!!


- Espera hasta mañana para decidirlo… -sabia que no podía dejarme renunciar, si lo hacia… yo estaría perdida- juro que esta noche me mantengo despierta y desde que te vea agitada o lo que sea te despierto… igual con tu muerte ya se acabo el sueño…. Igual ha sido una de esas pesadillas recurrentes que al volver a dormirte, en medio de la noche, la vuelves a coger donde mismo la soltaste al despertarte…. -se arrodillo ante mi que seguía sentada en la cama y me miro a los ojos- Por favor Sara… espera hasta mañana.


Asentí, no muy convencida, aún sabiendo que mi amiga tenía razón en todo lo que acababa de decirme. Mi padre era, en exceso, posesivo y protector conmigo y me había costado, como suele decirse, sangre, sudor y lagrimas convencerlo de que me permitiera ir a la academia. Y sabía que de no ser por mi abuelo, que medió entre nosotros, no lo habría conseguido. No, sin que mi padre pusiese el grito en el cielo y me lo prohibiese por activa y por pasiva, como, desde luego, había hecho.


Y ese día supe, sin ninguna duda, que la amistad que por tantos años nos había unido, y nos unía a Carlota y a mi no habría fuerza humana o inhumana que la pudiese romper o resquebrajar. Supe que seriamos por siempre, amigas, hermanas, del alma.


13 octubre 2007

He sido un necio al pensar que podría vivir sin ti

"Estaba en casa desesperada, no podía parar quieta, su adorado Luc se casaba al día siguiente y a ella se le iba a partir el alma de dolor. No podía hablar con su padre. La afirmación de Luc el día anterior era cierta. Ya no era bienvenido en su casa. Sus ideales políticos chocaban frontalmente con los del hombre que lo había criado como a un hijo tras quedarse huérfano en España. Sus padres habían sido amigos desde la infancia y juntos habían viajado a Francia en busca de un buen futuro y ambos lo habían conseguido, a pesar de haberlo hecho en bandos diferentes.

Tampoco puede acudir a su madre. Ella es incapaz de contrariar a su marido y probablemente terminaría encerrada en su habitación por desobediente. Se pasea exasperada por su cuarto. Solo le queda una opción, no es buena idea, las consecuencias de su hazaña pueden ser devastadoras si algo no sale como ha previsto, pero tiene que arriesgarse, no le han dejado otra elección.

Sin hacer el menor ruido sale de su habitación. Mientras baja las escaleras despacio se coloca el sombrero y el chal sobre sus hombros. Puede ir andando hasta su destino. No queda lejos y además puede andar a paso ligero ya que no la acompaña nadie. Cierra la puerta con cuidado, si… puede hacerlo.

En menos de 20m toca a la puerta de la residencia de Luc y entra sin que el mayordomo que le abre la invite a pasar. Este se queda pasmado, esperando que la persona que debería acompañarla entre también y su cara es de autentica sorpresa cuando ve que no hay nadie ahí. Sarah lo mira desafiante y pide ver a Luc. Ya no hay marcha atrás, esta ahí y tiene que verlo para convérselo de que no se case. Lo ama como jamás podrá querer a nadie y el también la ama, ella lo sabe y el, aunque intente negarlo, también.

- Sarah que haces aquí?
- Luc yo…
- Con quien has venido?
- Sola!!!
- Que?
- Necesito hablar contigo!! s'il vous plait!!!!!
-Sarah… estas loca… demonios… estas muy loca!!!!! –la hala de la mano y la lleva hasta la biblioteca- Entra ahí, entra….
- Luc ayer…
- Siento lo de ayer ma petit, Eso no debería haber sucedido!!!!
- No Luc, no lo dices en serio… me amas… me besaste por que me amas… no pudiste evitarlo!!!!
- Sarah…. No deberías haber venido… esto es una residencia de soltero… no has pensado en tu reputación? En la gente que te quiere, en tu madre, en tu padre?
- No Luc… yo solo he pensado en ti!!!!”
-No puedes mi niña, no puedes hacer esto.
-Si puedo Luc, no te cases…-intenta abrazarlo- s'il vous plait!!!!!
- Sarah, non…
- S. Je t'aime Luc
- Ma petit…
- Tu es l'amour de ma vie Luc (Tu eres el amor de mi vida, Luc)
- Pero que puedes saber tú del amor pequeña… si tan solo eres una niña.
- Se que te amo…. Mas que a nada ni a nadie.
- Sarah no me hagas esto… vete por favor!!!!
- Mon amour…
- Sarah… non…vete !!!!
- Eres un cobarde Luc… -golpea con sus puños cerrados su pecho- Je t'haïr, Je t'haïr !!!!
-Sarah…Sarah…

Intenta, agarrando sus muñecas, detener sus golpes como puede. Lo ha llamado cobarde y algo dentro de el se enciende. No es un cobarde, nunca lo ha sido, pero no puede estar con su niña, no puede. Le debe respeto y obediencia a Napoleón y por ello se va a casar con una mujer a la que ni conoce, ni, obviamente, ama.

Consigue inmovilizarla abrazándola contra su pecho. Es tan solo una niña, una niña impulsiva pero la ama tanto que, el solo hecho de imaginar que un año o a lo sumo dos puede casarse y ser de otro lo vuelve loco. Ella es la única que jamás le ha dado la espalda. La única que no le censuro que se uniese a las tropas del emperador, la única que, a pesar de su corta edad, supo consolarlo, con sus atenciones de niña, cuando murió su padre.

La respiración de ambos es agitada. Sarah tras unos pocos minutos serena, vuelve a revolverse entre sus brazos furiosa. Luc la esta tratando como si todavía fuese la niña a la que podía inmovilizar cuando jugaban juntos en el pasado. Y se equivoca… ya no es ninguna niña, ahora es toda una mujer.

- Suéltame Luc!!!
- Te vas a estar quieta?
- No!!!!! merde alors! (¡maldita sea !)
- No entiendo por que hablas en los dos idiomas!!!! A veces eres incomprensible!!!
- Yo no hablo en dos idiomas. Soy española y hablo en español!!!!!! Suéltame, te digo!!!!!

Aunque la situación es complicada lo divierte hacerla rabiar y, en contra de su voluntad, la abraza con más fuerza. No quiere soltarla y dejarla ir a pesar de saber que seria lo correcto. Con los ojos cerrados siente como su pecho, pegado al suyo, sube y baja, producto de su enfado e indignación. Y sin ser conciente de lo que hace, la besa.

Lo había estado deseando desde el día anterior cuando huyo asustado, del palacete, ante la inmensidad de sus sentimientos. Durante toda la noche había esta ansiando besarla como lo esta haciendo ahora. Con pasión la miro a los ojos unos instantes y sin decir más, ni darle tiempo a reaccionar, la beso. Ella lo estaba deseando en la misma media que el y por ello no ofrece ninguna resistencia ante el asalto de su boca, alentándolo a él a profundizar en el beso. La abraza más fuerte, si eso es posible, rodeando con sus manos, su cintura.

Sarah le responde con el ardor de su juventud y con la pasión del amor que siente hacia el. La idea de que Luc se casa al día siguiente con otra mujer queda desterrada de su mente, queda escondida en un profundo rincón de su alma. Da igual lo que pase mañana, hoy es de ella y ella de el.

Sin pensar en nada la lleva hasta el sofá y la sienta sobre su regazo, siguen besándose hasta que las caricias de el se hacen mas atrevidas. Despacio deja que sus labios posen pequeños besos sobre sus hombros y su garganta. Si vestido de muselina deja percibir sus pezones erectos a través de la final tela y su excitación es cada vez mayor. Excitación que ella nota desde la posición donde se encuentra, sentada sobre sus rodillas y acurrucada en su pecho.

- J'adore tes cheveux d'or ou dorés -acaricia su cabello con los dedos- ma petit
- No te comprendo
- Te he dicho que adoro tus cabellos de oro, mi niña

Sabe que jamás ha sentido con una mujer lo que siente ahora mismo y por ello tiene que para inmediatamente. Con premura se separa de ella, unos milímetros, para recuperar el aliento; tiene los ojos cerrados y respira con dificultad. Y lo sabe, sabe que sin importarle las consecuencias, tiene que detener esa boda. Tiene que detener esa locura aunque eso le cueste el desprecio del emperador. Todo sea por la pasión y el amor.

Sarah, asustada ante su mirada y silencio, vuelve a abrazarlo y el, sin poder evitarlo, le corresponde besándola con fuerza y con pasión, robándole el alma y entregándole la suya para toda la eternidad.

Ahora, sintiéndose libre tras haber tomado la determinación de romper su compromiso, cede, voluntariamente, a la pasión de su boca, a la fuerza de su abrazo. La ama y la desea y no va a permitir que nadie los separe nunca.

- Je t'aime Sarah… Tu es tout ce que j'aime !!!!!
- Yo también te amo Luc… y también… tu eres todo lo que quiero yo !!!!!!!
- Pues ahora… tienes que volver a casa.
- Pero Luc…
- Has de volver ma petit…
-Un poco mas…

Vuelven a besarse con dulzura, con amor, y así pasan varios minutos, sin tener conciencia de la realidad, Sin oír siquiera la campanilla de la puerta, los murmullos alterados, ni los pasos, presurosos, que se acercan hasta la biblioteca, pues en ese momento solo tienen oído para el latir, al unísono, de sus corazones. Y es por eso que, ambos, se quedan lívidos cuando el beso es interrumpido por los gritos de una mujer, que histérica, mira la escena desde la puerta. Sarah enrojece ante su mirada y sus palabras, aunque apenas las entiende pues habla en frances y Luc se queda rigido ante su presencia, aunque no la conoce sabe quien es ella… su prometida Monique Vandamme.

Por instinto Luc la esconde tras su espalda, el simple hecho de que Sarah se encuentre con el, a solas en su casa, podría traerle la ruina social, y aunque le da igual pues piensa convertirla en su esposa lo antes posible, también lo hace por que la mirada de esa mujer le da miedo. En sus ojos centellea el odio y el sin sabor del orgullo herido. Se siente humillada y herida y su voz destila veneno, Sarah apenas entiende nada de lo que la mujer grita por que habla demasiado rápido en un francés incomprensible para ella.

El mayordomo farfulla excusas, que se entremezclan con los agudos gritos de la mujer. La tensión en el ambiente se podría cortar con un cuchillo y así, sin saber como, pues mantiene los ojos pegados al piso totalmente avergonzada, Sarah se ve fuera de la habitación. Luc, es un acto reflejo, pues la siente temblar en sus brazos como la niña que es, la guia hasta una puerta situada en un lateral de la biblioteca y la hace pasar a un pequeño aseo. Donde le susurra que lo espere y que la ama, mas que a nada, antes de salir a enfrentarse con su prometida y amiga de la emperatriz, la condesa Vandamme.

Lo minutos transcurren encerrada en el pequeño habitáculo, y siente que el corazón se le va salir del pecho de un momento a otro. No logra entender la conversación pero el tono usado en ella le da escalofríos. Tan solo logra captar palabras sueltas, palabras que la desazonan y la avergüenzan. Probablemente ha arruinado la vida de Luc y la suya propia. Ha sido un disparate ir hasta su casa, y sus padres jamás le perdonaran tal ofensa y ella jamás podrá perdonarse ser la causante de la desgracia de su amado. Nunca. No puede creerlo, se ha comportado como una niña malcriada y caprichosa sin tener en cuenta a los que la rodean. Sabe que el emperador es muy cruel y no quiere ni pensar en lo que podría hacerle a Luc si esa mujer le contase lo que acababa de presenciar. Tiene que remediar eso, tiene que ponerle fin. Lo ama demasiado como para causarle la ruina. Prefiere verlo bien aunque sea al lado de otra mujer.

De pronto, cuando ya las lagrimas han acudido a sus ojos debido al arrepentimiento de sus actos. Los gritos cesan y la puerta se abre repentina y súbitamente. Luc no le habla, tan solo intenta abrazarla sin que Sarah se lo permita. Ha sido muy desagradable la conversación con su exprometida y esta seguro que el emperador no se lo va a perdonar pero mientras la tenga junto a el, cualquier consecuencia de su decision, por mala que sea, la podrá soportar.

Sarah llora sin dejarse abrazar. La condesa se ha ido y por lo poco que ha podido escuchar, Luc ha roto su compromiso y ella siente muchas emociones encontradas, esta feliz, Luc la ama tanto como ella a el, pero intuye que nada va a ser fácil, para ambos, a partir de ahora y la culpa la corroe.

- Luc, Je suis désolé … Je suis désolé … - sale del aseo y se pasea nerviosa por la biblioteca- Par Dieu!!!! Que he hecho…. Que te he hecho?
- Ma petit, no llores, te amo Sara, Je t'aime… no llores, te amo mi pequeña… tu eres mi vida, la luz de mis ojos… he sido un necio al pensar que podría vivir sin ti… no puedo Sarah… Je t'aime…

Por fin logra abrazarla. Tras sus palabras Sarah se queda inmóvil, perpleja, y el aprovecha para acercarse a ella, y ahí, en la seguridad de sus brazos, cierra los ojos y se engaña pensando que quizás todo puede salir bien. Y esa sensación le dura los escasos segundos antes de que Luc la aprieta mas fuerte contra su pecho mientras se pone rígido y murmura duramente.

- 'je lui ai dit de ne jamais revenir
- Maudire!!!!!!! fils de pute!!!!!

Sarah nota como Luc se tensa ante los insultos. Puede entender cada una de sus palabras, y cada una de ellas le duele más que la anterior. La condesa esta descontrolada, ida, loca…

- Bâtard !!!!! amant!!!!!! Prostituée!!!!!

Y no se conformo solo con insultarla, con rabia y coraje, la giro sobre si misma, agarrandola por el brazo, sin darle tiempo a Luc a reaccionar y con un golpe certero le clavo un abrecartas de oro, que ha cogido del escritorio, en el corazón. La fina hoja traspaso la tela que pronto se tiño de rojo ante la atónita mirada de Sarah, que no podia entender por que su vestido amarillo, ahora era rojo sangre.

Luc esta fuera de si. Grita pidiendo ayuda y maldice a la vez que llora acurrucándola en sus brazos. Ella se siente desfallecer y nota como el color abandona su rostro. A pesar de todo se siente feliz. El la ama… se lo ha confesado, y nada mas le importa.

La sangre abandona rápidamente su cuerpo. La muerte se acerca con su frió manto y ni siquiera el saber que Luc la ama, logra detener su avance. Apenas le quedan fuerzas y con las pocas que todavía puede mantener se abraza a su amado y con un hilo, casi imperceptible, de voz, le susurra al iodo, “Je t'aime” antes de morir.

El percibió su muerte, sintió el momento exacto en que su alma se despojo de su cuerpo, para volar hacia la inmensidad del cielo, del paraíso eterno, y supo que su vida, se iba con ella.


Me desperté empapada en lágrimas…. HABÍA MUERTO, YO HABIA MUERTO. Con miedo me lleve la mano a mi pecho temiendo ver un rastro de sangre en mi pijama. Había sentido la puñalada certera y el frió que me embargo posteriormente. Había sentido mi propia muerte como si de verdad esta hubiese tenido lugar!!!!! Estaba impactada y no podía moverme… sentía miedo, terror, angustia, ansiedad…. Me estaba volviendo loca!!!!!!

04 octubre 2007

Resurreccion: Un sueño erotico?

Volví a la cama nerviosa. Mentalmente repase otra vez el sueño mientras inconscientemente me acariciaba los labios con un dedo; podía sentir todavía la huella de su beso en mi boca, de sus brazos rodeando mi cintura. Parecía tan real. Sabia por mis amigas que se podían tener sueños eróticos tan tangibles que parecían ciertos pero no era el caso; lo mas erótico de mi sueño había sido el beso. Además, había algo que me inquietaba más que todo eso; yo no creía saber tanto de napoleón y su esposa Josefina de Beauharnais. Es más podría haber jurado que jamás había escuchado su apellido antes de esta noche. Yo como todo el mundo sabia que el nombre de la esposa de Napoleón era Josefina pero hasta ahí. Todavía acostada intente repasar las clases de historia del instituto buscando el apellido de la emperatriz y el nombre de la prometida de Luc, Monique Vandamme, sin ningún resultado favorable. Probablemente me lo había inventado, con mi imaginación todo era posible. Si hasta había entendido el francés cuando yo siempre había dado ingles.

El sonido del despertador me hizo salir del letargo. Las chicas se despertaron sobresaltadas, según nuestro horario en 30m teníamos que estar en la cafetería para desayunar y en 45m teníamos nuestra primera clase.

Esta vez, al contrario que la noche anterior, fui la primera en ducharme. Yo ya llevaba rato despierta así que, incluso antes de que mis compañeras se hubiesen espabilado, ya yo estaba bajo el agua. Salí mucho más despejada, unos de los beneficios del agua fría, y decidida a olvidar el sueño y todo lo relativo a este… todo menos el beso. Finalmente era el primer beso que me daban así y con la ventaja añadida de que mi padre no podría matar al muchacho en cuestión; felizmente, o desgraciadamente para mi, este no existía. Por lo menos no existía según mi perspectiva de las cosas. Por que el existía, yo lo había visto el día anterior, pero solo compartía con Luc el físico, el envoltorio que diría mi amiga Rose Blue, sus padres grandes aficionados al blues la habían llamado así, Y pedazo de envoltorio… Pero por lo demás eran totalmente opuestos. Nada que ver.

- Que te pasa Sara, te encuentras mal -me dijo Carlota al sentarnos a desayunar mientras miraba fijamente las incipientes ojeras que tenia yo bajo los ojos.

- Si, por que tienes una mala cara! -corroboro Sophie mientras Susi asentía mostrándose de acuerdo.

- No me pasa nada, anoche tuve un sueño extraño…

- Extraño? -me preguntaron las tres al unísono- Que clase de sueño? Termino Susi.

- Pues extraño, raro… -como explicar algo que ni yo misma sabía que era.

- Erótico? -pregunto Sophie, lo suficiente alto como para que los chicos que estaban en las mesas contiguas dejasen de hablar e incluso de comer para prestar atención a la interesante conversación que estábamos teniendo nosotras.

- Schiiiiiiiiiiiitsssssss!!!! -Carlota, roja como un tomate, la reprendió- Estas loca?

- No!!!! Bueno no se… un beso se considera erótico? -desde luego yo lo había sentido así.

- Pues según que tipo de beso!!!! Como fue?

- Un beso… beso. -no hizo falta explicarles que clase de beso. Por mi sonrojo lo dedujeron

- Venga Sara cuéntanos… estaba bueno el… muchacho? -ya los chicos de las demás mesas ni se molestaban en disimular, algunos hasta nos miraban de soslayo. Dios por que les habría dicho nada, pensaba yo intentado buscar la manera de desviar la conversación. Las tres me miraban interesadas, me iba ser difícil escaquearme así que se los intente explicar, en susurros, y sin darles detalles de su físico.

-…Me dijo que me amaba y me beso. Me beso apasionadamente. Yo sentí como me temblaban las rodillas y como me aferraba a el desesperada y feliz. –termine de relatarles emocionada

- Y…? -me pregunto Susi expectante

- Y me desperté, cuando me susurro “Je t'aime” me desperté… -deje caer la cabeza sobre mis brazos apoyados en la mesa.

- Joder Sara… eso no se hace!!!!! Y ya esta? -Susi estaba indignada, por momentos estaba demostrandonos ser una gran romántica, pero el sueño se había acabado ahí…. que culpa tenia yo

- Si!!!! Ya esta.... que quieres… que me lo invente… me desperté y ya esta… se acabo el sueño!!!!

- A ver, entonces soñaste con un militar francés que estaba comprometido con una amiga de la emperatriz de Francia y que por consiguiente era amigo de Napoleón, no? y que además se iba a Rusia a luchar en nombre del ejercito del emperador…? Es eso? -asentí cohibida- Joder… pues podías haber sido mas leal y haber soñado con la guerra de Francia y España… vamos que podías haberlo puesto a luchar en la guerra en contra de Napoleón y no a favor… vamos digo yo!!!! -exclamo Carlota patriótica..

- Pero no lo controlaba yo!!!! Fue una sensación muy rara!!!!

- Rara? –murmuro Carlota

- Sentí como si no fuese un sueño… como si todo eso hubiese ocurrido de verdad…. Como si fuesen mis recuerdos….

-Venga Sara… hay sueños que parecen reales… como las pesadillas por ejemplo… pero al final… son solo sueños. -me dijo Sophie y sonriendo asentí, no me quedaba mas que confiar en que eso fuese así. Ilusa de mí.
En el aula nos sentamos en la fila de delante, según Carlota para ver y oír mejor. Como si a ella le hiciese falta. Me mordí la lengua para no recordarle que ella era la típica empollona. La que sacaba sobresalientes sin mucho esfuerzo, vamos todo lo contrario a mi.

La clase se fue llenando de gente. La primera hora nos tocaba patrullaje, que tal como su nombre indicaba era, suponía yo, el “arte” de patrullar. En el aula apenas se distinguían unas voces de otras. Todos estábamos vestidos de uniforme, el mismo pantalón azul y la misma camisa blanca; el mismo uniforme de la gente con la que yo me había criado y que a mi no me imponía ningún respeto… no, con un abuelo comisario.

A las ocho y media en punto el profesor entro por la puerta y se hizo el silencio. Todos lo miraban expectantes y yo quería que la tierra me tragase allí mismo. Yo lo había visto y mis compañeras también. El capullo del pasillo y el hombre de mi sueño estaba allí, de pie delante de nosotros, mirándonos como si fuésemos conejillos de indias, como carnaza, como… joder!!!!!

-Hola soy el subinspector Lucas Fernández y os voy a dar varias materias este cuatrimestre. Ahora mismo vamos a empezar con las clases de patrullaje, conducta y aptitud. Aquí vais a aprender a comportaros como auténticos policías; como miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad de estado. - a medida que el hablaba yo hacia lo posible para taparme la cara. Le había faltado el respeto a un superior y si el tío me enfilaba podía amargarme la vida; sin ninguna duda las siguientes clases me sentaría en el fondo mientras, rezaría para que no me reconociese aunque eso era esperar mucho por mi parte- empecemos por la actitud….

La charla duro algo más de media hora. Yo, aunque escuchaba distraída su explicación, seguía con los ojos pegados al cuadernillo. En el transcurso de ese tiempo varias veces levante la vista con disimulo y le encontré mirándome, idiota de mi no me di cuenta que con mi actitud estaba llamando su atención. Todos mis compañeros lo miraban impresionados menos yo que estaba totalmente intimidada y confundida. En mi mente intentaba buscar alguna conexión entre el y yo. Algo obviamente que no fuese cosa de mi imaginación o producto de un sueño. Sin querer su voz me hacia recordarlo. Podía jurar que la había escuchado antes susurrando mi nombre, y sus ojos me habían mirado con ternura, estaba segura pero… donde? Donde había sucedido todo eso? Y por que me resultaba tan familiar el nombre de Lucas Fernández?

Seguía sumida en mis pensamientos cuando un codazo de Carlota en mis costillas me saco de ellos de golpe. El subinspector se había acercado a nosotras mientras hablaba y yo no me había percatado de ello. Cuando levante la vista me lo encontré mirándome a mí y a mi cuaderno, donde inconcientemente había estado pintando corazoncitos con un boli rosa, de lo más infantil, regalo de mi padre que el cogio de mi mesa.

- Es por eso que la actitud de un policía es primordial, hay que tener mucha mano izquierda y saberse guardar el carácter y la mala leche para cuando nos quitemos el uniforme. Por ejemplo… si ustedes tropiezan con alguien, no pueden decirle cuatro sarcasmos a esa persona y luego salir corriendo. Se imaginan corriendo de alguien? -mis compañeros le rieron la gracia jocosos y el jugaba con mi boli- Eso no es lógico ni cívico, no señores… no es de buen ciudadano. Y antes de ser buenos policías tienen que ser ciudadanos ejemplares. Tienen que tener temple para lidiar cualquier capullo que se les ponga delante y no perder los nervios… si no… mal asunto!!!! -No me lo podía creer, estaba reprendiéndome delante de toda la clase. Se estaba riendo de mí. Claro que salvo mis compañeras nadie sabía que se refería al encontronazo que habíamos tenido el día anterior pero me daba igual. El idiota se había metido en mis sueños, no podía dejar de recordarlo y ahora se reía de mí en mi propia cara. Era el quien se había puesto como un energúmeno y se atrevía a decir solapadamente que yo tenia mala leche. Que coño se creía…- Hasta mañana!!!!! -nos dijo dándonos la espalda y volviendo a su mesa con la sensación de haberse metido a todos en el bolsillo.

Note que mis compañeros empezaban a abandonar el aula y como Carlota me daba unos codazos para que me levantase de una vez… Estaba avergonzada, una vez mas en apenas una hora desee que me tragase la tierra. Mire hacia mi izquierda y el resto de mi fila esperaba de pie a que yo les dejase paso. Así que no me quedo más remedio que hacerlo. Con la cabeza gacha pase a su lado sin mirarlo pero su voz, esa voz que tanto recordaba me llamo.

-Perdona… -hice como que no lo oía, si pretendía seguir riéndose de mi andaba listo-Espera un momento… -viendo mi poca disposición para hablar con el me cogio suave pero firmemente del brazo- siento lo de ayer…

Estaba intentando disculparse pero yo no podía contestarle por que ya no estaba allí…

“El escenario había cambiado, ahora se encontraban en una biblioteca, un despacho con un bello escritorio de nogal, un sofá rojo, libros por doquier en las librerías que cubrían las paredes y un globo terráqueo en una esquina. Tampoco su atuendo y el de Luc eran los mismos. El vestía un uniforme militar, una casaca roja sobre pantalones negros y ella un fino traje de muselina amarillo y un ridículo sombrero.

- Siento lo de ayer ma petit, Eso no debería haber sucedido!!!!
- No Luc, no lo dices en serio… me amas… me besaste por que me amas… no pudiste evitarlo!!!!
- Sarah…. No deberías haber venido… esto es una residencia de soltero… no has pensado en tu reputación? En la gente que te quiere, en tu madre, en tu padre?
- No Luc… yo solo he pensado en ti!!!!”

Retire mi brazo asustada, solo pude balbucear un “de acuerdo no pasa nada” antes de salir precipitadamente del aula. Había vuelto a pasar, al tocarme había vuelto a tener otra desagradable vision… que me estaba pasando.

Resurreccion: Je t'aime….

Aun antes de salir del baño volví a repasar la visión o lo que fuera que había tenido. La imagen me pareció tan real, tan verdadera. No!!! Me dije a mi misma. Todo había sido producto de los nervios, del stress y de la falta de alimento. Eso había sido. Definitivamente una tontería.

No les comente a las chicas lo que me había pasado. Las tres estuvieron de acuerdo conmigo en que el tío era un imbecil y un borde e incluso Carlota, cosa que me tranquilizo, me dijo que le resultaba conocido. Con esa afirmación me quito un peso de encima, y ya convencida de que todo había sido producto de los nervios nos fuimos a la cafetería a almorzar.

La tarde pasó rápido, estuvimos ocupadas en recoger nuestros uniformes y nuestros horarios de estudios. Durante los siguientes meses no íbamos a tener ni un momento libre, por lo menos no de lunes a viernes. Al llegar la noche después de estar un rato viendo la tele en la sala común, llamamos a casa y nos fuimos a dormir. Nos turnamos para entrar en el baño, yo fui la última, mi padre me tuvo más de 30 minutos al móvil preguntándome y aconsejándome sobre chicos y las fiestas a las que no tenia que asistir por nada del mundo.

Ya poco más o menos me había olvidado del encontronazo con el chico del pasillo y la visión que había tenido cuando, al cerrar los ojos y caer en un profundo sueño, me vi con las mismas pintas en la misma situación y estaba otra vez perdida en sus ojos… en la profundidad de sus ojos.

“El la mantiene abrazada, y le susurra, al oído, cariñosamente…

- Cuidado -le acaricia los antebrazos con los dedos sintiendo la sueva muselina de su vestido.
- Suéltame Luc, no me caigo!!!!
- Si te caes pequeña, si te empeñas en andar por el escalón te vas a caer y….
- No me llames pequeña -indignada frunce sus labios disgustada- ya no soy una niña!!!
- Si lo eres…
- No… -enfadada da una patada en el suelo que el mira divertido- no lo soy… mañana cumplo 16 años…. Ya soy toda una mujer !!!!
- Eres mi niña… ma petit. Y por lo que veo vas a tener una gran fiesta de presentación en sociedad, ma chérie… tu padre te ha consentido bien…
- Te vas a quedar? -algo en la voz de el la asusta y lo agarra por la solapas de la levita ansiosa- Tienes que quedarte Luc!!!!
- Creo que no Sarah… tu padre no me quiere aquí!!
- Eso no es cierto… Papa te quiere!
- Antes si pequeña pero ya no… -le acaricia la mejilla con un dedo- Je suis désolé!!!!
- Lo sientes? Me da igual….tienes que estar…. Me lo prometiste!!!
- Lo se Sarah… se que te lo prometí pero… -le da la espalda incapaz de ver su dolor- las cosas han cambiado!
- No Luc… nada ha cambiado, -se abraza a su espada intuyendo que algo va mal, muy mal- Je t'aime!
- No Sarah… - se suelta de su abrazo y se aleja- no digas eso!
- Por que? -lo abraza desesperada- Je t'aime… Je t'aime Luc…
- Sarah… -baja la cabeza avergonzado- Voy a casarme… En dos días!!!
- Que? -ella palidece y niega aturdida- No… nom….
- Sarah… me lo ha pedido el emperador… no puedo negarme!
- Si puedes!!!
- No Sarah!
- La amas?
- Eso no importa ma petit…. -le vuelve a acariciar la mejilla, continuamente busca su contacto- Tienes una idea muy romántica del amor…
- Luc… dímelo!!! -asoman lagrimas a sus ojos que el ve atormentado.
- No…Par Dieu!!! non!
- Entonces? -enfadada- Pourquoi?
- Soy militar Sarah…Es mi general! Y le he dado mi palabra a esa dama!!!!!
- Odio a Napoleón!!!
- No digas eso Sarah… no lo digas! -se mesa el cabello desesperado.
- Si lo odio… soy española, mi abuelo era español Luc y tú te criaste en España……
- Pero soy francés mi niña… lo entiendes? El emperador…
- El emperador le robo el trono al rey!!! -habla con mas pasión de la que siente por la política.
- Ya veo que tu padre te ha influenciado con sus ideas monárquicas.
- Con quien vas a casarte Luc?
- Eso no importa ma petit…. –vuelve a darle la espalda apoyado en la barandilla del palacete- No importa!
- Si importa…. Dímelo!
- Es una amiga de la emperatriz Sarah… Monique Vandamme … la hermana del conde Dominique Vandamme…
- Es guapa?
- No lo se!! No la conozco aun!!!
- No la conoces? -ahora si esta perpleja- Entonces también yo me casare con el primer hombre que me lo pida.
- No, no lo vas a hacer…. -vuelve a abrazarla- Vas a disfrutar de la temporada aquí en Paris…. Vas a causar sensación!
- Te lo juro Luc…. Me casare con el primero que aparezca!
- Non…
- Oui! Je t'haïr….

Las lagrimas corrían por sus mejillas al alejarse de el. Le había gritado que lo odiaba pero no era cierto. Lo amaba más que a su vida. Lo amaba desde que era una niña, desde que tenía uso de razón. El le llevaba unos años pero a ella no le importaba. Siempre había creído que el la amaba y ahora se casaba con otra por ordenes del maldito emperador Napoleón Bonaparte y de su esposa Josefina de Beauharnais.

- Espera Sarah… -corre tras ella, ha venido a despedirse y eso va a hacer-espera!!!
- Suéltame Luc… suéltame…-se revuelve furiosa hasta que se deja abrazar por el.
- No ma petit!!! No…. -habla sin pensar- Me voy al frente mi niña… y no puedo irme enfadado contigo…
- Te vas? No Luc!!! No puedes irte… te casas!!!!
- Y me voy mi niña…
- A donde? Por que?
- Sarah prométeme que no le vas a decir a nadie!!! Ni a tu padre!!!
- Te lo prometo Luc… donde vas?
- Parto con las tropas del emperador hacia Rusia…
- Por que? -lo mira a los ojos asustada, sabiendo lo que eso significa.
- Sarah…. Son secretos de estado que no te puedo contar!!!!
- Y tu esposa? Te dejara partir? Yo no podría soportarlo!!!! -se arroja en sus brazos con el ardor y la inocencia de sus 15 años- Luc no podré vivir sin ti!!!! Je t'aime!!!!!!!
- Sarah… Ohhh Sarahhhhh…. -la besa, la besa como nunca la había besado antes. Con toda la pasión que ella despierta en el. Deja por unos minutos que su lengua juegue con la suya y explora el interior de su boca extasiado de placer.
- Luc… me amas? -susurra contra su boca.
- Oui ma petit… Je t'aime…. Ohhhh….. Je t'aime…"

Me desperté sonriendo, me sentía la mujer más feliz del mundo y me quemaban los labios como si aquel beso hubiese sido verdadero. Mire el reloj que descansaba en mesilla al lado de la litera. Todavía eran las seis de la mañana y solo se oían las respiraciones pausadas, de mis compañeras de habitación, en un inquietante silencio. Me levante al baño intentando no hacer ningún ruido y allí me moje la cara. Tanto me había impactado el chico del pasillo que había soñado con el? Que me estaba pasando?

Resurreccion: Que borde!!!!!!

Los dos días sucesivos, los que faltaban para marcharnos de Madrid transcurrieron pronto y sin muchas anécdotas que reseñar. Tanto Carlota como yo andábamos como locas terminando de preparar las maletas y decidiendo que pocos objetos personales nos íbamos a llevar. Estábamos en pleno verano, acabábamos de celebrar el día de San Antonio, así que la ropa era ligera y por tanto el equipaje también. El día de nuestra partida, en casa todo eran lágrimas contenidas y buenos deseos a la par que recomendaciones. Mi padre, instado por mi madre y por mi abuelo y no sin discutir, al final, accedió a no llevarnos en coche. Me daba repelus solo el imaginarme llegando a la academia de la mano de mi padre. Lo veía con su carácter afable y bonachón presentándose a los profesores y alumnos como quien coincidía en unas vacaciones concertadas; pidiéndoles de camino que se ocuparan de mí y me tuvieran en consideración. Me horrorizaba pensarlo y me temblaban las piernas imaginando la escena, aunque no me pasaba a mi exclusivamente; Carlota también tenia pesadillas con esa escena y nos reíamos juntas de ella, acostadas en mi cama la noche previa de marcharnos de San Antonio.

Mariano, mi padre y mi madre nos llevaron a la estación. Esta estaba lleno de jóvenes que como nosotras iban a intentar convertirse en miembros de la fuerza y seguridad del Estado. Había de todo, pequeños grupos que charlaban animadamente, familias enteras despidiendo a sus hijos como si se fueran a la guerra, jóvenes solitarios que miraban perdidos a todas partes y algunos chulitos y autosuficientes que ponían cara de sabérselas todas. Era una fauna.

Después de comprar los billetes nos sentamos en una cafetería atestada de gente a la espera de que nos avisaran, por megafonía, que podíamos subir al tren.

Contrariamente a lo que se pudiera pensar, ya que ellos mismo habían vivido la experiencia que nosotras íbamos a afrontar ahora, o quizás por ese motivo, Mariano y mi padre estaban nerviosos, casi histéricos. Sorprendentemente era mi madre quien intentaba calmarlos a ambos, por algo era hija de policía, esposa de policía y hermana de policía. Ellos no dejaban de darnos consejos y recomendaciones. Nada fuera de lo común hasta que mi padre muy serio nos dijo…..

-Sara, Carlota intentad ir de legal y hacer todo bien pero si en algún momento os veis metidas en algún lió no dudéis en poner ojitos, sonreír y decir confiadas… yo no he sido, estaba si cuando llegue! Os aseguro que a Mariano y a mi nos saco de unos cuantos apuros.

-Claro, como nosotros teníamos cara de tontos!!!!! Siempre se las cargaban los chulitos de turno!!!!! Muy buen consejo Paco, si señor -alababa Mariano a mi padre mientras yo lo miraba, aguantándome la risa, y lo imaginaba amarillo y con tres pelos cual Homer Simpsom. Era tan de ese personaje el consejo!

En definitiva seguimos charlando un rato hasta que por la megafonía de la estación avisaron de la llegada del tren. Nos despedimos, por cuarta o quinta ves, y nos subimos las dos, nerviosas, arrastrando nuestros trolleys.

El viaje fue tranquilo. Salimos de Chamartín y en 1 hora y 30 minutos llegamos a Ávila, donde nos esperaba un autobús. En apenas tres horas ya estábamos en la academia.
Antes que nada teníamos que mirar donde estaban nuestras habitaciones. Con un poco de suerte a Carlota y a mi podría, si el reparto era por donde alfabético, tocarnos juntas; nuestros apellidos Miranda y Moreno iban seguidos uno de otro así que era muy probable que eso pasara. No acercamos juntas al tablón donde mucha gente ya se arremolinaba a mirar una lista donde rezaba el reparto de habitaciones. Pasados cinco minutos, por fin nos divisamos. Nuestros nombres estaban juntos, nos había tocado la habitación 118 junto a otras dos chicas; Susana Mingote y Mercedes Montalbán, aunque esta último nos insistió para que la llamáramos Sophie. No hubo problemas en repartirnos las literas; Carlota y yo en una y Susi y Sophie en la otra. Entre risas y bromas colocamos nuestras cosas. Estuve segura desde ese momento que las cuatro nos íbamos a llevar muy bien. El primer día no había horarios estrictos, como pudimos comprobar que iban a ser las cosas a partir del día siguiente. El primer día era como una toma de contacto. Era para que nos habituáramos a nuestros compañeros y a la residencia. Tras acomodarnos, como a medio día o así, en la megafonía nos avisaron de la ubicación de la cafetería-comedor.

Salimos de la habitación las cuatro y yo, en mi afán por seguir hablando, me puse frente a ellas y camine de espaldas un par de metros, iba tan ensimismada en la conversación que no me di cuenta del tio que salía de un despacho hasta que tropecé con el que evitando que yo cayese al suelo me agarro por los brazos y ahí, mirando sus profundos ojos marrones que me hipnotizaron al instante... tanto como para sentirme mareada, paso….

El ruido de la residencia y sus muchos estudiantes ceso. Ya no estaba de pie en medio de un pasillo lleno de gente, si no en medio de una glorieta en un bello jardín. Baje la vista y me mire a mi misma. Mis vaqueros habían desaparecido y llevaba un vestido malva llenos de encaje y puntillas… un vestido? Y el hombre con que había tropezado vestía una levita verde encima de una camisa blanca, un pantalón blanco ajustado y botas negras.

-Cuidado!!!!! -me dijo mientras todavía me mantenía abrazada a el

Bruscamente me solté de sus manos y el ruido incesante de voces volvió a aparecer. Por un instante volví a mirarlo a los ojos y tuve la certeza de que no eran la primera vez que los veía. Sentí como si una mano invisible me apretase las entrañas y como el corazón latía raudo en mi pecho.

-Lo.. lo… lo siento, no me fije por donde…. -el me miro durante unos pocos segundos hasta que reacciono.

-Pues la próxima vez fíjate guapa. -parecía realmente enfadado- No puedes ir arrollando a la gente así. Joder,

-Te he dicho que lo siento -repetí empezando a enfadarme.

-Lo sientes? Y ya esta…? –sentia la mirada de mis compañeras flipadas ante la escena y la actitud de idiota ese- Por que te disculpes crees...

-Mira tio… te he pedido disculpas, vale? He tropezado contigo por que no iba atenta y te he dicho que lo siento….. que mas quieres? Que me corte las venas?

Dicho esto, Me di la vuelta y sin mediar mas palabras, sin esperar respuesta ni mandao; Y ante la atónita mirada de mis compañeras, y de el, salí casi corriendo de allí. El tipo era un imbecil, maleducado y borde. En vez de dirigirme a la cafetería volví a la habitación. Necesitaba recuperarme de lo que habia visto. Exactamente no sabía lo que me había pasado. Había tenido una alucinación? un viaje en el tiempo hasta el siglo XVIII o XIX? De verdad me había visto en una glorieta vestida de Sissi emperatriz? Me moje la cara en el baño intentado aliviar un poco la sensación de desconcierto. Y mientras me la secaba, con Carlota tocando a la puerta, llegue a la conclusión de que las biodraminas con el estomago vació eran como un cóctel Molotov.

Resurreccion

Nos marchábamos en dos días de Madrid rumbo a la academia de policía nacional, en Ávila. En el barrio, el párroco, había hecho una feria para recaudar fondos para los más necesitados de San Antonio. Habían participado casi todos los comercios de la zona; Mi madre, de parte de los Cachis, contribuyo con un puesto de tapas y cervezas preparadas por ella misma; que yo y Carlota mi mejor amiga atendimos durante todo el día. Éramos amigas desde hacia mucho años. Desde que ella se había venido a estudiar a Madrid y a vivir con su primo Mariano; enseguida congeniamos y nos hicimos amigas y andábamos siempre juntas, tanto que decidimos ambas, dada la admiración que sentíamos por mi padre y Mariano, convertirnos en policías.

El día de la feria nos lo estábamos pasándolo muy bien aunque ya, después de pasar tantas horas sirviendo y aguantando los piropos absurdos de los borrachos que ya pululaban por allí, teníamos ganas de salir, mirar las demás casetas y disfrutar un rato del ambiente de fiesta.

Mi madre y Jimmy nos relevaron y nosotras riendo, como niñas con zapatos nuevos, empezamos a recorrer, de la mano, los puestos de múltiples colores. Ahora no recuerdo como pero, de pronto, nos vimos delante de una caseta, de rosa chillón, donde rezaba “Madame Destino, la verdad ante tus ojos”. Yo me fui a dar la vuelta, no me interesaba nada saber mi destino. Es mas, ni creía que este existiera, pero Carlota insistió y casi me empujo dentro de la caseta pensando que nos iba a venir bien reírnos un rato de lo que nos depararía nuestro, supuesto, futuro en la academia a donde íbamos destinadas las dos.

Entramos juntas y nos quedamos, como bobas, mirando a una vieja, envuelta en un desgastado traje raído, que a su vez miraba ensimismada una bola de cristal como la de las películas; y que hasta pasados unos minutos no nos hizo ningún caso. Ninguna de las dos la conocíamos del barrio, era la primera vez que la veíamos pero al parecer, la señora si nos conocía, por lo menos a una de nosotras, a mi.

Cuando levanto la cabeza, después de saludarnos con una voz muy dulce, me miro y palideció por momentos. Su mirada estaba centrada en mí. Era como si me conociese, como si sus ojos me traspasasen, como si pudiesen leerme el alma. Y entonces un frío cortante se instalo en la pequeña caseta y a las dos, a Carlota y servidora, se nos pusieron los pelos de punta. La señora nos hizo señas para que nos sentáramos en las sillas que estaba frente a nosotras y cuando lo hicimos, todavía no se por que, me agarro la mano y me susurro con una voz gutural casi sobrenatural, que nos hizo acojonarnos todavía mas.

-Es usted muy afortunada niña -me dijo sin dejar de mirar su bola de crista.

- Si, seguro!!! -le conteste escéptica

- Tienes un alma vieja y sabia… muy sabia!!!! -no me miraba y eso me puso mas nerviosa de lo que ya estaba

- Ahora me llama vieja… -bromee sin ganas- vaya.

- El te ama pero vas a tener que luchar!!!! el regresa!!!!!

Después de oír esas palabras ya estuve segura que la bruja se estaba riendo de mi, un enamorado yo? si con mis 18 años no había tenido ni un novio; mi padre me habría matado, o lo habría matado a el….imposible! Aun así no pude evitar preguntar.

- Quien me ama? quien regresa?

- Su amor verdadero niña…. su compañero, su alma gemela!!!!! -ella seguía concentrada en la bola tal como mi padre se ensimismaba en su televisión panorámica.

- Que dice?

- Pero esta vez, es más difícil aun si cabe!!!! Se acaba el tiempo y….

- Que tiempo?, no entiendo nada!!!!

Tras mi ultima interrupción si alzo la vista y me miro. Tenia la vista perdida, creo que me miraba sin verme. Por un momento me pareció que rebuscaba en los límites del tiempo y el espacio; no supe en ese momento cual verdadera fue mi impresión de su mirada.

- Vuestro tiempo astral… es la última oportunidad…. Si lo dejas escapar, viviréis separados por toda la eternidad…. Tendrás que vagar sin tu otra mitad!!!! –me dijo sin despegar sus ojos de los míos asustándome por momentos

- Me esta asustando… deje de poner esa voz!!! -pero ella seguía en trance y no cesaba, lo que yo denomine, su perorata.

- Niña, el ciclo se acaba…. Si no termináis juntos esta vida, ya no habrán más!!!!

- No se de que esta hablando, pero no me creo nada de eso. Esto es una farsa!!!!

- El te ama… recuérdalo… te ama y es vuestra ultima oportunidad!!!!!!

- Pero quien es el? Donde esta?

Quizás aquí, sintiendo las ansia de saber en mi voz y creyéndome ya sugestionada, me cogio de las manos y mientras a mi me recorrió un escalofrió de pavor, sin incluso saber todavía los horribles sucesos que tendría que vivir; ella alzo la voz y grito.

- Yo no lo se…. Tu lo sabrás cuando lo veas…. Otra vez!!!! Ahi lo sabras!!!!! -solté mis manos de las suyas como pude y me puse de pie instando a Carlota a seguirme.

- No entiendo nada!!!! Esto es un fraude!!!! Carlota, nos vamos?

- Niña!!!! -me voltee y la mire, ella también se había puesto de pie.

- Si… -algo me insto a contestarle a pesar no querer hacerlo y de ya tener un pie en la puerta

- Te queda mucho por luchar pero puedes hacerlo. Confía en ti…. Puedes!!!!

Precedida por Carlota salí de la tienda aun sintiendo los ojos de Madame Fortuna clavados en mi espalda. La negrura de la noche nos recibió sorprendiéndonos a ambas. Apenas habíamos pasado unos minutos en la caseta pero había anochecido inexplicablemente.

Las dos caminamos apresuradas hasta el puesto de los Cachis donde, casi la comisaría en pleno, comían y reían. Lo curioso es que al llegar allí, la nube que momento antes había tapado la claridad de atardecer se disipo. Entre risas y bromas, en un instante, nos olvidamos de las predicciones de la gitana y nos unimos al grupo, que dicharachero, se lo estaban pasando bomba.