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11 abril 2008

Adios y gracias

Se levanta de la cama para hablar con Elena, y mientras se mesa el pelo nervioso, piensa en que decirle. No es la primera vez que rechaza a una mujer, sabe como hacerlo, sabe que palabras debe decir para que sea más fácil para todos. Antes solía hacerlo a menudo y no le resultaba tan duro, pero ahora es distinto, porque ahora él conoce lo que significa que alguien por el que sientes algo te diga esas mismas palabras. Supone que en eso tiene que estarle agradecido a Sara, porque ya nunca jamás volverá a ser el Lucas de antes que jamás se ponía en el lugar del otro. Ahora es un nuevo Lucas, más maduro, más sensible, más respetuoso.... y más llorón, más cursi, más tonto.... Lucas se desespera al pensar en ella y en todo lo que siente ahora mismo dentro del pecho. Sara, siempre ella tiene la culpa de todo.

Elena intenta hacerle comprender, por última vez, que su historia con Sara no va a ninguna parte, que tiene que empezar a vivir, conocer a otra persona, dejarse querer. Pero Lucas no éstá dispuesto a que ella siga por ahí: sabe que lo de Sara no se va a arreglar, pero le da igual. No quiere engañar a nadie, y no quiere engañarse a sí mismo. Algún día se le pasará, si tiene un poco de suerte. Pero mientras tanto, no piensa ir haciendo daño a quien encuentre a su paso.
Entre lágrimas intenta por última vez que él le de una oportunidad, pero finalmente se rinde. Se dice a sí misma que ningún hombre se merece tanto llanto, ni siquiera Lucas. Prefiere conservar su orgullo, y marcharse despacio, sin hacer ruido, igual que había llegado tiempo atrás.

La mañana en comisaría pasa despacio de nuevo. Últimamente todos los días son iguales, largos, pesados y aburridos. No pasa nada, nunca pasa nada, y Lucas tiene mucho tiempo para pensar. Demasiado.Son ya las doce y ella aún no ha llegado. No deja de mirar hacia la puerta esperando encontrarla, pero Sara, parece, que hoy no va a venir, y él se desespera por momentos. La odia, está enfadado por lo de ayer, dispuesta a olvidarla para siempre, pero necesita verla. Quisiera poder ignorarla, pero sabe que no puede, que a pesar de todo, ella siempre estará allí. A la una ya sabe que ella no vendrá y decide dejar de esperarla. Se marcha al despacho de Paco intentando encontrar una tranquilidad que allí no tiene. Pero estar allí, en ese despacho, aún le recuerda más a ella. Viejas fotos pueblan el escritorio de su amigo. Fotos de Sara cuando era pequeña, y de Sara ahora. Y la foto de Sara en una playa de Asturias, sonriéndole a la cámara, que Lucas supone que llevará Aitor, se le clava en la retina dejándole totalmente hecho añicos.

La mañana para ella tampoco va mucho mejor. Su rechazo le ha dolido más de lo que ella misma pensaba. Sabía que Lucas le gustaba, mucho, pero no pensaba que se hubiera podido enamorar de él en tan poco tiempo. Pero ahora, después de oír de su boca que jamás iba a haber nada entre ellos, sabe que los viejos fantasmas de los que huía al venir a Madrid están con ella de nuevo. Está dolida, pero no solo por lo de Lucas, sino por su mala suerte. Ella jamás sale ganando, nunca. Siempre es la otra, el entretenimiento. Aquello que pronto se olvida. No consigue que nadie le ame tanto como Lucas ama a Sara, y eso la mata por dentro porque es lo único que ella desea en la vida. Da igual en Canarias, en Madrid o en la Luna, ella parece condenada a vivir sola. Esa le hacer sentirse mucho peor y decide salir de allí para pensar. No quiere ver a Lucas, ni a nadie. Solo quiere por una vez, pensar las cosas con la cabeza y dejar de lamentarse.
Se está cambiando en el vestuario, decidiendo que puede hacer a partir de ahora, cuando el golpe de la puerta le hace girarse y se encuentra con su mirada cargada de odio. Por si no tuviera bastante ya hoy...

- Hombre, si está aquí mi policia favorita ¿Qué tal has dormido hoy? ¿La digestión se te hizo pesada con tanto veneno o ya estás acostumbrada? -Hace tiempo que no está tan enfadada y ya le da igual que Elena esté con Lucas, no piensa pasarle ni una a la mujer que tanto daño le ha hecho desde que llegó.
- Mira Sara, mejor lo dejamos. No estoy de humor.
- ¿Y a mí qué? Ayer era yo la que no estaba de humor y a ti no te importó para seguir humillándome.
- Tienes razón y lo siento. Ayer me pasé. En cuanto vea a Aitor también le pediré perdón por haberlo liado todo.
- ¿Perdón a Aitor? A ése mejor le das las gracias. Que os salió muy bien el plan y ya tenéis lo que queréis -Sabe que ha hablado más de la cuenta y decide acabar ahí la conversación antes de seguir diciendo lo que no quiere que ella sepa.
- ¿De qué hablas?
- Ya sabes de que hablo Elena. No te hagas la idiota conmigo.
- No, no sé de que hablas. Dímelo.
- Mira qué bien, ayer ibas de vívora y hoy de mosquita muerta. Qué fácil te resulta cambiarte el disfraz. Qué suerte tienes de que Lucas esté tan enamorado de ti y no sé de cuenta, aunque tarde o temprano.... -quiere marcharse de allí. Cada vez está más enfadada y las paredes del vestuario empiezan a ahogarla. No quiere escuchar más. No quiere que Lucía vuelva a decirle lo maravilloso que es Lucas y lo felices que son. No puede escucharlo más.
- Lucas está muy enamorado sí........ pero no de mí El silencio tenso se hace insostenible. Las dos se miran, desafiantes, esperando que la otra diga algo que parece que no va a decir. Sara nota como el corazón le ha dado un vuelco. Quiere saber, necesita saber la verdad. Pero no sabe hasta que punto Elena está dispuesta a decírsela.
- ¿Qué quieres decir? -su voz suena temerosa y a Elena le hace gracia. Lucas lleva escrito en la cara lo que siente, hasta un ciego se daría cuenta, todos menos ella, la interesada. Aún duda de lo que para todo el mundo es tan evidente.
- Que quieres decir, que quieres decir -se burla en su cara y Sara vuelve a torcer el gesto -Pues que lo he intentado todo para gustarle, he hecho mil gilipolleces, he estado pendiente de todos sus deseos, sin darme cuenta de que solo hay una cosa en este mundo que deseé: Tú. Tu Sara, Lucas se muere por ti. Le da igual que le hayas rechazado una y otra vez y eligieras a Aitor, le da igual que tengas novio y aún así sigas detrás de él provocándole. Le da igual que rompieras su sueño de Madagascar y te hayas olvidado de lo que él es incapaz de dejar de pensar. Le da igual que seas medio idiota y no te des cuenta de la suerte que tienes. Está loco por ti Sara y tú prefieres a Aitor. Ver para creer.... -las palabras salen solas de su boca. No puede entender a esa niña ni nada de lo que hace. Pero esa ya no es su historia. Ahora solo quiere salir de ahí y empezar a pensar en ella. Y aunque Sara no está dispuesta a dejarla marchar después de haber escuchado todo eso, cuando intenta decirle algo se queda sin palabras, y solo puede reaccionar cuando siente el ruido que hace la puerta al abrirse, y cuando mira ve a Lucas entrar
- Mira ya estamos todos. Mejor me voy. Que os vaya bien. -Cierra la puerta detrás de ella y literalmente se deja caer en el suelo.
- Yo también me voy
- No te vayas por favor. Lucas...
- ¿Por qué Sara? -después de lo de ayer lo que menos le apetece en el mundo es hablar con ella, aunque se haya pasado toda la mañana esperando que ella viniera.
- Quiero hablar contigo. Necesito explicarte....
- No hay nada que explicar -se gira y cuando va a girar el pomo de la puerta para marcharse escucha lo que lleva meses deseando escuchar
- Ya no estoy con Aitor. Llevo sin estar con él desde que me marché a Asturias.
- ¿Cómo? - ¿desde que se fue a Asturias? Tanto tiempo?? ¿Y por qué ella no se lo ha dicho antes??
- Me diste un últimátum y me enfadé, porque yo llevaba meses esperando que tú dieras algún paso, el que fuera, y cuando lo diste, esperabas que yo lo dejara todo sin titubear. Y quería odiarte y te dije que me iba con Aitor a Asturias, que lo prefería a él. Pero cuando llegué a la estación supe que me equivocaba, que otra vez iba a actuar con la cabeza y no por lo que realmente sentía.
- ¿Y por qué no te diste la vuelta? -dice sin girarse todavía ni para ver la cara de Sara.
- Se lo estaba diciendo a Aitor cuando recibió una llamada de su familia: su abuela se había puesto muy enferma. Se puso a llorar, estaba como loco. Adora a su abuela, o la adoraba. No podía dejarle Lucas. Él había estado conmigo cuando tú no querías saber nada de mí y yo estaba destrozada. Él me había apoyado durante meses. No podía hacerle eso, no podía. Su abuela fue empeorando hasta que falleció y Lucas.... Aitor se hundió. Y es mi amigo y tenía que estar con él ¿Lo entiendes verdad?
- ¿Y por qué no llamaste para decirmelo?
- Lo intenté. Veinte veces al día marcaba tu número y otras veinte lo borraba. Después de nuestra discusión cuando te dije que se había acabado todo, no sabía que decirte. No sabía cómo te lo ibas a tomar..... tuve miedo que me rechazaras y que todo se hubiera acabado ahí. Luego volví, intente hablarte, te seguí a todas partes. Hice de todo para estar contigo, de todo. Hasta que apareció Elena y tú.....
- Y yo nada. Elena y yo no hemos tenido nada.
- ¿De verdad?
- De verdad -se miran, sonriendo y se van acercando. Sus cuerpos se llaman, se atraen. Necesitan tocarse, sentirse. Necesitan saber que la pesadilla se ha acabado, y poco a poco, sin dejar de mirarse se funden en un beso, cálido, dulce. Un beso que lo dice todo. Solo se separan para mirarse, y Sara no puede evitar sonreír de alegría al ver que en los ojos de Lucas, por fin, no hay ni una pizca de arrepentimiento. Por fin la está besando porque quiere, porque su cuerpo, su cabeza se lo está pidiendo a gritos, y después de ese beso, él no se va a marchar a ninguna parte. Se siguen besando y abrazando, mientras susurran palabras casi inaudibles. Se acarician por todas partes con mucha dulzura, poniendo todos sus sentidos en alerta para sentir de nuevo, la felicidad en cada uno de los poros de su piel.

Ninguno de los dos nota como la puerta se ha abierto, y unos ojos indiscretos miran lo que ellos están viviendo ahora mismo. Es Elena, que dolida, no puede dejar de mirar la escena. Hasta que una mano le sorprende por detrás.

- Déjalos solos. Lo necesitan. Verás como pronto se te pasa, algún día conocerás a alguien ya lo verás mujer.
- ¿Tú crees?
- Seguro. Todos los haremos algún día. Mientras vamos al bar de enfrente a por unas bravas, que las penas con el estómago lleno cansan menos.
- Gracias Mariano -dice mientras le abraza y él puede sentir como las mariposillas flotan en su cuerpo y ella, por primera vez en mucho tiempo, se siente protegida y querida por alguien.
Lucas y Sara no pueden parar de besarse y saben que como sigan así, no van a poder apagar la llama que están encendiendo. Con un gesto Sara le hace una seña a Lucas, y él entiende la invitación de ella y, aunque incrédulo no se atreve a decirle que no. Total, llevan meses haciendo locuras, por una más no va a pasar nada.

Y allí, solo separados del gentío por una fina pared, comienza una reconciliación que durará años bajo la caliente agua de la ducha de un vestuario que tantas veces ha sido testigo del amor tan grande que sienten.
FIN



26 marzo 2008

Vaya cenita....

Vamos a comentar el capi en cuanto podamos. Todavía tenemos que decidir quien de las dos lo hará, porque, para variar, no nos hemos puesto demasiado de acuerdo. Deberiamos hacer un debate, jeje. Esta noche o mañana lo hacemos (Además de otras ideas que nos ha traido el capitulo) De momento, espero que os podáis conformar con un capítulo más de nuestra amiga Elenita, sacando a relucir toda su mala leche.

"-¿Me pasas el vino?”

Elena empieza a ponerse nerviosa porque las cosas no están saliendo como ella quisiera. Lucas está furioso, Sara no deja de mover las cosas en la mesa con mala gana, y la mala leche de todos va dirigida a ella. Están cabreados con ella, y lo que ella tiene que conseguir que se cabreen entre ellos.
Aitor no le está ayudando mucho para ponerle las cosas más fáciles; lleva toda la cena mirando su plato y diciendo tonterías que nadie escucha. Ella es la que tiene que centrar la conversación y Aitor tenía que ayudarla.
- ¿Y vosotros, cómo os conocisteis? -Sara la mira con furia y Lucas resopla indignado. Lo que le faltaba, escuchar la "bonita historia de amor" Nadie parece dispuesto a recordar aquello y Sara intenta cambiar de tema, pero Aitor ve la oportunidad de vengarse y añadir más tensión al ambiente y no duda en recordar aquello.
- Iba vestida de novia por Madrid, y me enamoré en cuanto la vi.
- ¿De novia? Te habían plantado ante el altar.
- Ja, mira qué graciosa es la poli cotilla –lo que la faltaba. Una encerrona con sus dos ex y la novia de uno de ellos y encima, tienen que centrar en ella la conversación. No, no quiere ni oír hablar del tema. Mejor se acaban la comida cuanto antes, y cada uno por su lado antes de que salten chispas.
- Yo solo preguntaba, por curiosidad.
- Si no pasa nada por contarlo Sarita. En realidad, si le habían plantado
-Aitor quería hacerse el gracioso, estaba disfrutando de ser el centro de atención de Elena por unos momentos
-Bueno, mejor dicho ella había plantado. Ese fue el día que decidió que lo suyo con Lucas había acabado, así me lo dijo ella. Para siempre
-Primer golpe. El becario nunca iba a renunciar a echarle en cara a la mínima a Lucas cualquier cosa que tuviera que ver con Sara.
- ¿Ah si? Y te vistes de novia para celebrarlo.
- Yo..... -mira a Lucas de reojo y ve una mueca de dolor en su rostro. Él no sabía esa historia y quizás ahora empiece a comprender muchas cosas. El hecho que decidiera dejarle fuera de su vida en esos momentos, de forma consciente después de haberlo meditado, le duele casi más que la idea que tenía hasta ahora de que había comenzado con Aitor para olvidarse de él. Ahora su orgullo si que está por los suelos, y sabe que lo merece.
- Bueno, y qué, ¿ahí es cuando empezasteis a salir, no?
- Uy, qué va. Si anda que no me lo puso difícil.
- Aitor, basta ya por favor.
- Déjame contarlo, que no pasa nada. Estuvo mareando la perdiz mucho tiempo hasta que se decidió a ir a por mí. Pero cuando lo hizo, se tiró a la piscina y fue a por todas. Fue ella la que, al final tuvo que convencerme. Y hasta ahora.
- ¿Hasta ahora qué, eh Aitor? Venga, ya que te has puesto en plan confesor, dinos que hay ahora -Está cabreada. Mucho. Más que cabreada dolida. Porque la están atacando a dos bandas y Lucas todavía no ha sido capaz de abrir la boca para defenderla.
- Vamos Sarita, no te cabrees. Si solo es una broma. Solo quería saber como había empezado lo vuestro. Se os ve tan unidos, tan felices ¿Lucas, mi amor a que hacen buena pareja estos dos?
- Una pareja cojonuda -deja la servilleta de mala manera sobre la mesa sin disimular su cabreo.- Joder, subinspector Fernández, qué poco humor tiene últimamente. No te habrás puesto celoso, ¿no? ¿O acaso no habremos removido algo del pasado que te haya afectado? –la sonrisa burlona no pasa desapercibida en Lucas y le está reventado de tal forma que no sabe si va a poder contenerse más y no romperle la boca al gracioso del becario. Pero su cabreo todavía es mayor porque es Sara la que está dejando que le humillen así. Vale que esté con Aitor, vale que tenga que cenar con ellos, pero que se dediquen a pasearle su felicidad por la jeta, de eso nada.
- No, claro que no.
- Ya decía yo. Porque Sarita y tú ya, no tenéis nada, ¿Verdad?
- Nada.
- Muerto, enterrado del todo -Aitor recuerda esas palabras, que nunca jamás se le han olvidado. Aquel día Lucas se la jugó por primera vez, para luego olvidar todo lo que había dicho e intentar recuperar a Sara, separándola para siempre de él.
- Enterrado del todo -la mira mientras lo dice, intentando adivinar en sus ojos lo que siente en ese momento, pero solo ve rabia, mucha rabia. Se siente dolida por tirar al traste con todo, por no defenderla, por volver a pronunciar aquellas palabras que tanto le dolieron en su día y más duelen hoy.
- Uy, qué momento este. Menos mal que los dos lleváis bien la ruptura –dice Elena mirando a Aitor directamente y a Sara y a Lucas de reojo- sino hubiera sido una situación bastante más complicada. Qué bien que podáis hablar del tema tan abiertamente, ¿Verdad? –y cuando parece que se va a acabar por fin el tema, y que volverán a hablar otra vez de tonterías -por cierto ¿por qué se acabó lo vuestro?

El silencio se apodera de todo de nuevo y Lucas y Sara sin mirarse, intentan encontrar las palabras adecuadas. Ambos, en ese mismo instante, recuerdan momentos de antes: cuando Sara, con la maleta en la mano abandonó el piso; cuando Lucas la dijo que se buscara a otro; los meses separados sin saber casi nada el uno del otro; Aitor; Eva; los billetes a Madagascar; volverse a ver de nuevo……

- ¿Por qué rompimos? –Sara deja de recordar y en su cabeza se dibuja la verdadera razón de la ruptura pero no puede decirlo, no le salen las palabras. Aitor ya lo dice todo por ella.
- Pues como todas las parejas Elena, o no se querían tanto o se cansaron el uno del otro ¿¿Se puede repetir de pastel??

Lucas y Sara miran a Aitor y dan las gracias porque el tema haya sido zanjado por fin. Porque solo ellos saben la verdadera razón, pero esa misma razón para acabar con lo suyo definitivamente es la misma razón que ahora los obliga a callar “Los dos son unos cobardes.”

Desde su cama la puede oír trastear en la cocina preparando las tostadas y el café para el desayuno mientras canturrea una vieja canción pasada de moda. Todavía entre sueños, la imagina con sus pantalones cortos y su melena rubia preparando con cariño lo que ahora se tomaran en la cama mientras hablan y comparten los últimos minutos juntos antes de irse al trabajo y ella al colegio.
Ayer bebió demasiado en la cena, se quedó en los Cachis él solo, ahogándose en su propia tristeza y desesperación. Se acostó tarde, pero aún así no está lo suficientemente dormido como para no darse cuenta de que la que está en su cocina no es Sara como a él le gustaría, y que ha pasado otra noche más sin ella. Elena abre la puerta y se tumba a su lado en la cama, muy cerca de él, buscando un contacto que a él no le interesa. Intenta mantener una conversación, pero Lucas solo piensa en salir de esa habitación que ahora mismo le asfixia. No sabe que hace ella en su casa, ni en su cama, y últimamente tampoco sabe por qué esta en su vida.

-¿Se puede saber que haces aquí?
- He venido a prepararte el desayuno cariño. Ayer bebiste un pelin más de la cuenta y parecías tristón. Quería desearte un buen día con un sabroso café y unas tostadas calentitas recién hechas.
- Mira, Elena… no te ofendas pero no puedes llamarme cariño, no puedes venir a mi casa sin avisar a prepararme el desayuno. No puedes….. –está tan cansado de todo, que quisiera gritarla y echarla de su casa. Pero no puede. En el fondo, sabe que Elena no es así. La Elena que el conoció no es la misma que le preparó la encerrona ayer, que trató así a Sara y a él mismo, y la que se cuela en su casa cuando tiene ocasión. Solo está pasando un mal momento, pero…. –Elena, tenemos que hablar.

06 marzo 2008

Mascarada

Toma aire antes de abrir esa puerta, temeroso de lo que se pueda encontrar detrás. Con la escenita de ayer en los Cachis no es para menos. Ese beso, y volver a estar con Sara, a solas, sin estar de uñas, fue agradable, mucho. Lástima que se rompiera por la interrupción. No sabe lo que ese beso significó para Sara, si está avergonzada, si solo fue en error para ella.
Duda antes de entrar, pero tiene que hacerlo, tiene que enfrentarse a la posibilidad de que ella no quiera volver a repetirlo… nunca más.

En cuanto Sara se fue con Aitor, Lucas se despidió de Elena y se fue a casa. Ella quería hablar, incluso le preguntó a Lucas por qué. Pero él no cree que tenga que darle explicaciones a nadie. Vale, es cierto que hace poco han tenido algo más que palabras, pero de ahí a tener que dar cuenta de su vida va a un paso...... como un océano de grande. No, él no tiene porque explicarle que si besa a Sara es porque quiere, porque le sale de dentro, y porque a ella es a la única que quiere besar.

- Buenos días familia –la ve allí, sentada en la silla de siempre como cada mañana. Ni siquiera levanta la vista para saludarle, nada. Como si no hubiera llegado nadie, o al menos nadie que a ella pueda importarle.
- ¿Qué pasa chaval? -Paco mira a Lucas que ya está sentado en la mesa y de reojo, mira también a Sara, que ha dejado de dar vueltas a los cereales como lleva haciendo durante los últimos veinte minutos, para levantarse de un salto de la mesa.
- Sara, me pasas un bollito por favor -le pide, por decir algo. Porque quiere escuchar su voz, y poder saber por el tono si ella le desprecia tanto como ahora mismo parece.
- Papá, hoy llegaré un poco más tarde a comisaría. Aitor viene a buscarme. Hasta luego. Y se va. Ni una sola mirada, ni una palabra, ni un gesto de cabreo, ni un pequeño roce. Nada. Como si no estuviera. Lucas no sabe como reaccionar. Le duele mucho ver a Sara así. Tal vez lo merece, pero no lo soporta. No soporta que ella le odie, aunque sea un poquito.
- Chaval, no sé que le habrás hecho, pero la tienes contenta.
- ¿Hacerle yo Paco? Tu hija, que no hay quien la entienda.

¿Hacerla él? Por más que busca en su cabeza que ha podido hacerle no encuentra motivo ¿Será por el beso? Sí, el beso. Será eso. Se da un beso con su ex y justo llega su novio. Normal que le odie. Pero ella también le besó, y con ganas. Lucas sabe que Sara en ese beso lo dio todo, lo sintió tanto como lo hizo él. Luego se pudo arrepentir porque no quiere engañar a su novio, pero ese beso, algo tuvo que removerla por dentro, aunque sea una milésima.
Durante el trayecto hasta el trabajo sigue pensando en Sara. Hoy se ha ido con Aitor, ¿es qué él no se ha enfadado por el beso? ¿Siguen juntos después de eso? Seguramente el becario vaya a pedirle explicaciones a él hoy y eso es mucho más de lo que está dispuesto a soportar. Ya se dejó pegar una vez en el ascensor, pero esta vez no esta dispuesto a que él, ni nadie, le diga que no se puede acercar a Sara. Solo ella puede pedirle eso, y solo a ella le va a hacer caso. Solo espera tener la fuerza suficiente para no partirle la boca a ese tío y que Sara no se enfade, aún más, con él.

- Buenos días Elena -sin darse cuenta ya han llegado a comisaría. Y la primera en la frente: Elena se planta delante de ellos y su cara no refleja buen humor.
- Inspector Miranda, he dejado los informes encima de tu despacho –dice sin molestarse en mirar a Lucas.
- Gracias Elena.
- Joder, ¿qué coño pasa hoy? ¿Aparte de gilipollas soy también invisible? Me cago en......

Durante toda la mañana tiene que aguantar los continuos malos modos de Elena y Sara. Joder, la comisaría se ha convertido en un infierno desde que ellas están allí. Caras de reproche, indiferencia. Si, sobretodo le duele la indiferencia.
Las ha contado, son cuatro. Esas son las palabras que Sara le ha dicho en todo el día: “Lucas, déjame en paz.” Ni tan solo un monosílabo más.

A media mañana, se dirige al despacho de Paco para decirle que se va. Que se encuentra mal, algo que en realidad es cierto. Le empieza a doler la cabeza y cree que como Sara vuelva a mirarle con esa cara de odio, le va a hacer pedacitos todo el cuerpo. Nunca había visto esa mirada tan fría en ella y empieza a darle un poquito de miedo.

Pero Paco no aparece ¿Será que para Paco también es invisible hoy?

Decide esperar un poco más antes de irse, total, tampoco es que tenga demasiadas ganas de levantarse de la silla y volver a pasar por delante de la mesa donde ahora estará Sara, y volver a sentir sobre su espalda las miles de puñaladas que Sara le lanza en forma de miradas. No, no puede hacerlo. No sabe que tendrá Sara dentro de las pupilas, pero sabe que hacen mucho daño.

Mientras está sentado en el sillón de Paco, busca una solución para poder salir de la comisaría sin ser visto. Quizás tenga que esperar a que Sara vaya al baño, o que venga a Aitor a soltarla el rollo o….

- Inspector... –no se ha dado ni cuenta de que ella ha entrado en el despacho.
- No está, Elena. Si quieres le puedo decir algo
- Le puedes decir... -apenas le ha mirado pero de pronto repara en él y se fija en que hoy presenta un aspecto lamentable. Sigue siendo terriblemente irresistible, pero se nota que no tiene un buen día -¿te pasa algo Lucas? Tienes mala cara -aprovecha para cerrar la puerta del despacho para quedarse a solas con él. Quizás ha llegado el momento de aflojar un poco.
- Sí, me voy a ir a casa. No me encuentro muy bien.
- ¿Un mal día? Espera, te voy a dar un masaje que te va a dejar como nuevo -comienza a masajear sus sienes, despacio, con mucha delicadeza y eso a Lucas, en un día que solo ha recibido palos, le sabe a gloria. Sigue el masaje por el cuello, metiendo los dedos en su cabello, haciendo que se estremezca. La espalda, los brazos, su pecho... se deleita con el masaje tanto que Lucas olvida donde se encuentra y con quien

-Lucas, si quieres vete a casa pero luego voy a buscarte para llevarte a cenar. –dice al terminar el masaje, cuando ya Lucas no puede estar más relajado. A él le parece que más que invitarle, le está obligando a ir con ella de cena.
- No me apetece mucho, Elena, hoy estoy muy cansado. Te lo agradezco pero hoy prefiero descansar.
- Schhhhhhhh, te da tiempo a descansar un rato antes de que vaya. No te preocupes, no estaremos mucho. Solo darte una sorpresita y te prometo dejarte en tu camita bien tapadito.

Quisiera tener fuerzas para negarse pero realmente hoy no tiene ánimo para nada, ni siquiera para rechazar un plan que no le sugiere nada. Pero no quiere ser maleducado, además, tal vez una sorpresa pueda levantarle el ánimo hoy.

Cuando Elena va a buscarle a casa, Lucas debe reconocer que está realmente preciosa. El vestido negro le queda como un guante, y los complementos, el peinado, toda ella está perfecta.
Se deja arrastrar por las escaleras y al llegar a la calle, le dice que tiene que pasar un momento por los Cachis que se ha olvidado algo. Él la sigue, como quien sigue a una sombra. Solo quiere que esto termine pronto y poder irse a su casa cuanto antes. Pero al abrir la puerta sabe que la noche no ha hecho nada más que comenzar.

- Aitor, Sara, ¿qué hacéis aquí? No me digáis que tenéis cenita romántica y os hemos interrumpido –dice Elena haciéndose la sorprendida, sin conseguirlo, ya que Sara y Lucas se dan cuenta de que ella sabía que iban a estar allí. Se miran y se preguntan que hacen allí. Ninguno de los dos querían salir esa noche, no están de humor y sin saber muy bien como, se ven envueltos en una cena de parejas. Ellos, en una cena de parejas!!
¿Puede tener todo menos sentido?

Con la excusa de ir a buscar algo de beber, Lucas agarra a Elena del brazo y furioso le pide una explicación
- ¿Esta era la sorpresa que querías darme para hacerme sentir mejor Elena?
- Pensé que te gustaría cenar con tus amigos Lucas. Creí que eso te animaría. Pero no, esa no es la sorpresa. -"La sorpresa te la vas a llevar tú cuando veas como es Sara realmente" piensa Elena.

Gracias a Aitor, las cosas le van a resultar más fáciles de lo que podía imaginar.

24 febrero 2008

Te odio tanto...

¿¿Os acordáis de nuestra amiga Elena?? Alguna ya se creía que nos la habíamos quitado de encima pero nada de eso. Aquí la tenemos de nuevo y dispuesta a dar más guerra que nunca.
Todavía puede sentir los labios de Lucas sobre sus labios, el roce de su piel y el recorrido que sus manos y su lengua hicieron por su cuerpo. No ha dejado de sentirlo desde que hace tres días tuvieron el encuentro en el vestuario. Desde entonces, y aún antes, sabe que tiene que ser para ella. Le gusta ese hombre, y aunque no era el plan inicial porque no vino a Madrid buscando complicarse la vida, conocerle a él lo ha cambiado todo. Y es que, después de sentir a que saben sus besos, nada puede volver a ser como antes.
Sabe que lo tiene díficil, muy díficil, pero a Elena siempre le han gustado los retos. De momento, Lucas parece encaprichado con la niña tonta del inspector, pero todo el mundo sabe que la niña está saliendo con el becario y que a Lucas solo lo quiere para volverle loco con su "hoy si, hoy no". Llevan mucho tiempo jugando al perro y al gato, y ella sabe que no es eso lo que Lucas necesita, sino a una mujer de verdad, con las ideas claras. Será cuestión de ponerle un poco de empeño, y aprovechar bien las horas que pasan al día juntos en comisaría, que cada día son más.
Lucas, tampoco ha podido olvidar el encuentro en los vestuarios con Elena, pero para él no es el mismo recuerdo dulce que para ella. Solo fue un error. Un error muy grande tratandose de una compañera a la que tiene que ver a todas horas, y con la que hasta ese momento parecía tener cierta complicidad. Pero ahora no se ve con demasiadas fuerzas para pensar en eso, lo único que le importa es ver a Sara. Lleva días buscándola por todas partes y ella parece haberse esfumado de pronto. Le ha buscado por comisaría, en la corrala, en el bar, incluso, la otra noche, se soprendió a sí mismo cuando, guiado por la desesperación de no saber de ella, corrió hasta su casa, hasta su habitación solo con la idea de poder hablar a solas con ella. No sabía si quiera que iba a decirle, pero necesitaba hablar con ella.
Casi está seguro de que ella le está rehuyendo, el problema es que no entiende por qué. Le molesta reconocerlo, pero se había acostumbrado ya a que Sara volviese a estar pendiente de él, a perseguirle y a provocarle, y ahora nota más su ausencia. Quisiera ser capaz de no depender de tanto de ella, de sus pequeños gestos, de sus sonrisas, pero hace mucho tiempo que Sara lo ocupa todo.
- Hola Sara ¿Qué tal? -sabe que ella está sorprendida. Lo que menos se podía esperar era que él apareciese a esas horas por los Cachis. Son más de las doce y ella ni siquiera debería estar allí si mañana quiere levantarse a tiempo para ir a comisaría a "estudiar" con Mariano ¿Sabía Lucas que ella estaba allí?
- ¿Qué haces aquí? -lo dice de la forma más cortante que puede. No disimula, no tiene porqué hacerlo. En este momento Lucas es la última persona a la que quiere ver, porque le odia con todas sus fuerzas. Durante días ha podido evitarle con mil excusas y haciendo grandes esfuerzos y esperaba que pudiera hacer lo mismo al menos hasta que verlo no le produjese unas enormes ganas de matarlo.
- He visto luz y supe que eras tú. Quiero hablar contigo Sara, hace días que no coincidimos.
- ¿Qué no coincidimos Lucas? Hace días que yo hago por no coincidir contigo, y por lo visto tú me acabas de jorobar la buena racha.
- ¿Por qué? ¿He dicho o hecho algo que.... ? Pensé que ahora nosotros... vamos, que creía que nos llevábamos mejor después de todo lo que ha pasado.
- No seas cínico. -se junta más a él para increparle. Cada vez está más enfadada, cada vez eleva más el tono de voz. Las imagenes de Lucas y Elena en el vestuario se suceden en su cabeza y la enfurecen todavía más. Porque odia que solo con una palabra él pueda provocarla tanto, y odia que ese efecto lo tenga en todas las mujeres. Porque durante un tiempo Lucas solo fue de ella, su corazón solo le pertenecía a ella, y no soporta la idea de que otra se esté colando, poco a poco, en su lugar. -¿Qué nos llevábamos mejor? Tú me soportabas a duras penas solo porque soy la hija de tu mejor amigo. Me he dedicado a perseguirte y adorarte toda mi vida. Y se acabó. Ni un segundo más de mi vida quiero pasarlo contigo. Eres despreciable.
- ¿Qué? ¿Pero qué me estás contando? -no puede creer lo que Sara le está diciendo. Que a estas alturas Sara le diga que para él solo es la hija de su mejor amigo le parece una broma ¿Acaso no le ha demostrado nada? ¿Acaso no se da cuenta de que lleva meses, años, sufriendo por ella? Además, que coño, que él no ha hecho nada para que ella le hable así ahora.
- Uy. Ahora el pobre se siente rechazado. Que el guaperas no está acostumbrado a que le digan las verdades ¿Te crees que siempre vas a tener a todas detrás? Eres un egocentrico, un idiota, una persona cruel que no le importa jugar con las mujeres -sin darse cuenta y cegada por la rabia y los celos, se va acercando a él, y mientras grita todo lo que se le viene a la cabeza de forma irracional golpea su pecho, buscando causarle el mayor daño posible, al menos para que sienta, por una vez, lo mismo que siente ella -Insensible, inmaduro, hipócrita...... te odio Lucas, te odio con todas mis fuerzas. Toda la rabia acumulada se convierte en una pasión cegadora cuando Lucas, la agarra por la espalda y apretandose fuerte contra ella la acerca hasta su cara y mirándola a los ojos, derritiéndola, la besa con la misma rabia que ella siente.
Se odian, se hacen daño, se rompen, pero ambos saben que se quieren tanto que no pueden evitar que sus corazones, por un momento, se paren para volver a sentir la fuerza de ese beso. Sus lenguas juegan acompasadas, se reconocen, se buscan. Las manos de Lucas se pierden atropelladamente por el pelo de ella y Sara solo se deja llevar. No saben cuanto tiempo permancen enredados sin poder ni querer separarse, ninguno tiene prisa por romper ese momento, quieren disfrutar de áquello con lo que llevan soñando tanto tiempo.
De pronto, la puerta de los Cachis se abre llenando el bar de una luz y un ruido que estropean el momento tan mágico que han estado viviendo. Cuando se giran, para comprobar quien ha sido el "oportuno" ambos se separan rápidamente y se intentan recomponer. Ninguno de los dos puede creer que precisamente los que abran la puerta en ese momento sean Aitor y Elena. Hubieran preferido que fuera Paco, Don Lorenzo, quién fuera!!! Pero ellos no. Iba a ser una larga noche de explicaciones.
Sara, que roto el momento vuelve a pensar con claridad, y que al ver a Elena vuelve a recordar el motivo por el que tanto odia a Lucas, siente la necesidad de marcharse de allí. Ya dará él todas las explicaciones que tenga que darle a ella. Ahora le toca a él justificarse y ella no va a estar allí para verlo.
- Mira, Lucas. Nuestros respectivos han venido a buscarnos. Qué mala suerte hemos tenido. Esta vez el "esto no es lo que parece" no creo que funcione. Os dejamos solitos, que tendréis mucho de que hablar -Sara se aleja de Lucas y apretando la mano de Aitor se marcha de allí, mirando por última vez hacia la mesa de billar, viendo a un Lucas abatido y cabizbajo. Sara se pregunta si será porque les ha pillado Elena o porque a él le ha removido tanto ese beso como a ella.
Si Sara hubiera tenido ojos para algo más que no fuera Lucas, hubiera mirado a Elena, y en su cara hubiera podido leer el dolor de la primera batalla perdida. Otra vez Lucas ha corrido hasta los brazos de la niñata de Sara, pero ella no está dispuesta a que eso vuelva a ocurrir.

22 enero 2008

Es por Sara?

Sabe que la está esquivando. En tres días no ha podido encontrar ni un solo momento para hablar con él a solas. Cuando no están su padre y Mariano con el, esta la poli llorona. Está harta de esa chica; desde que vino, solo ha conseguido alterar la vida de todos los que la rodean, y Sara… ella solo quiere que todo vuelva a ser como antes. Antes de Elena, antes de que cometiera la estupidez de rechazar a Lucas, antes de que todo entre ellos se complicara, antes de todo…..

Por mas que intenta que hablen, no hay manera, Lucas no esta por la labor y ya no sabe que hacer…. necesita hablar con él y preguntarle que significó la noche que pasaron juntos, si él también sintió que todo volvía a ser como antes, que podría volver a ser como antes.

Un días mas, y ya van varios, lleva horas mirando hacia la puerta de comisaría, sin hacer caso a los libros que tiene delante, por si él aparece pero ya, bien entrada la tarde, se convence de que, otro día más, él no va a volver por allí.


Con paso firme y decidido llega hasta la córrala. Esta dispuesta a volver a utilizar las llaves de su casa, si hace falta, y acorralarle hasta que él no tenga más remedio que hablar con ella y por fin, le confirme que todo va a salir bien. Sin darse tiempo a arrepentirse coge las llaves y despacio abre la puerta y le encuentra allí, en su sofá favorito, con la mirada perdida, y con gesto distante.

- ¿Lucas? -no se acerca, se queda con la espalda apoyada en la puerta cerrada


- Sara, mira, vamos a dejar las cosas claras. No puedes entrar aquí cuando quieras, sin avisar -Está molesto y cabreado por la interrupción. Grita más de lo necesario para que ella le escuche, sin tan siquiera levantarse del sofá ni pararse a mirarla.

- Lo siento, solo quería hablar contigo -Le duele el recibimiento. Le duele y mucho. Sabe que no debe entrar así en casa de Lucas, pero solo quería hablar con él. Pensó que él estaría dispuesto a.... a hablar, a aclarar lo suyo.

- Podría haber estado con alguien. Con alguna mujer. A ver como le explico yo que entre la vecinita de al lado en mi casa, sin llamar antes.

- Eres...

- ¿Qué, qué soy? ¿Un hombre soltero, libre, sin compromiso? Eso soy Sara. No tengo nada con nadie, y no tengo que darle explicaciones a nadie. Ni siquiera a ti. Pero a ver como le ibas a explicar tú a tu querido novio que te cuelas en la casa de tu Ex a traición.

Sara se marcha, completamente dolida y decepcionada. No entiende que Lucas, después de la noche que pasaron pueda volver a comportarse así con ella ¿Cómo puede ser alguien tan mezquino? Con alguna mujer dice, ¿una mujer? ¿Acaso tiene Lucas otra mujer? Dando vueltas en la cama, la rabia se apodera más y mas de ella, y siente la tentación de volver hasta su casa y decirle lo que piensa, pero sabe, que si quiere recuperarle, tiene que tener la mente fría.

Al día siguiente Elena espera en el vestuario a que Lucas llegue. Hoy se le han debido pegar las sábanas, otra vez, y la espera la está volviendo loca. Pasea de un lado al otro del vestuario, intentando matar el tiempo, cuando, por fin, se abre la puerta y aparece él, con cara de no haber dormido en días, de no haber dormido en.... meses. Elena busca consuelo en los brazos de Lucas, como lleva buscándolo desde el día que le conoció, pero cree que hoy, le toca dar más que recibir. Él se lo merece.

- Cariño te estaba esperando. Tienes mala cara, ¿no has pasado buena noche?

- Eh... no, más bien no ¿Pasa algo Elena?

- Si....... no.... si pero no.

- O si o no, que no tengo toda la mañana.

- Joder, como ha venido el poli duro esta mañana. Conmigo esos humos como que no, ¿eh?

- Vale, venga. Lo cuentas o no.

- Mira, no. No lo cuento. Mejor hablamos cuando te hayas calmado un poquito. Quizás una duchita de agua fría -se guarda la pistola en la parte posterior de sus pantalones y se dirige hacia la puerta para pasar de Lucas, antes de que le suelte cualquier borderia. Pero él reacciona a tiempo, y cuando ella pasa a su lado, la agarra del brazo, y sin hacer demasiada presión, la acerca un poco más a él buscando su perdón.

- Lo siento Elena, no tengo un buen día. Cuéntame lo que quieras.

- Cuéntamelo tú Lucas. Siempre te estoy contando yo cosas, agobiándote con mis problemas. Quiero que hoy seas tú.

- No quiero hablar, solo quiero escucharte.

- Está bien.- necesita hablar y soltar todo lo que lleva dentro, así que Lucas tampoco tiene que insistir demasiado- Me llamó anoche. Me dijo que viene a Madrid a una convención de la agencia antidroga. Pensé que lo había superado Lucas, pensé que no me importaría quedar con él y verle después de como acabamos. Incluso le ofrecí mi casa, porque no conoce nadie en Madrid. Me vine aquí huyendo de él y creía que había escapado de su recuerdo..... -llora con más fuerza haciendo que Lucas se conmueva al verla así. No es muy común ver a Elena en esa situación. Elena es dura, fría, como él. Y verla llorar así como lo hace ahora, le duele, como si el que llorase fuese él.

- ¿Y no lo has superado? Si todavía no ha venido.

- Se casa. Conmigo no lo hizo porque no creía en el matrimonio, pero ha conocido a alguien. Dice que ya que está en Madrid me traerá la invitación. La boda es en el Hierro dentro de dos meses.

Lucas la abraza lo más fuerte que puede acompañándola en su dolor. Elena está rota y él lo sabe porque desde que llegó a comisaría, él supo que ella venía huyendo de algo o de alguien. A un experto como él en huir no le podía engañar. Y una noche, se lo contó todo. Le contó que el amor no correspondido, un amor que la estaba destruyendo la había traído hasta San Antonio, buscando, tan solo, un poco de paz.

Un poco más calmada, da las gracias a Lucas, que, cariñoso, le limpia las lágrimas mientras le susurra muy bajito que todo irá bien porque él estará con ella. Agradecida, Elena, sin pensar, le da un suave beso en los labios, que a ambos les remueve algo por dentro y les hace sentir acompañados. Se miran a los ojos durante unos instantes, antes de volver a juntar sus bocas y dejarse llevar por una pasión desmedida producto de la soledad y la desazón. Lucas la coge entre sus brazos, y alzándola en su cuerpo, la acorrala contra la pared, y ansioso, busca el contacto de su piel bajando los tirantes de la camiseta de ella, mientras que con sus labios recorre su cuello, sus hombros, y sigue el camino que le llevará directo, hacia los pechos de Elena.

Sara llega a comisaría y pregunta a Aitor si ha visto a Lucas, y éste, con un gesto de fastidio, le señala el vestuario. Aitor quiere hablar con ella, quizás intentar recuperarla, pero Sara solo piensa en hablar con Lucas, y conseguir de la forma que sea que él la escuche. Sin pararse si quiera a escuchar lo que el becario quiere decirla con tanta urgencia, se aleja hacia el vestuario y al acercarse hasta la puerta, escucha como al otro lado alguien entre gritos jadea de placer. Reconoce la voz, es la de Elena, y solo desea, que el que la acompaña no sea él.

Abre la puerta con miedo, y al instante reconoce esa espalda que tantas veces recorrió con sus labios y con sus manos. No puede apartar su mirada de ellos, y verlos allí, disfrutando del contacto de sus cuerpos, la parte en dos, le duele tanto, que siente como si fuese a morirse en ese mismo instante sin poder remediarlo. Se tambalea el mundo a sus pies, todo le da vueltas, pero haciendo el mayor esfuerzo del que es capaz, cierra la puerta de nuevo, y sin ser vista, corre sin saber muy bien a donde, buscando tan solo un sitio donde poder respirar con Aitor tras ella, que la ha visto salir.

- Elena, Elena, espera, no.... –se mesa el cabello intentando calmarse- yo no…

- Lo sé, Lucas. Lo siento, no sé que me ha pasado.

- Hemos sido los dos. Pero no está bien. Tú y yo... no, no está bien.

- ¿Es por ella, verdad? Es por Sara.

- Por ella y por mí. Tú eres mi amiga y yo.... yo no quiero estar con nadie que no sea ella, no por ahora.

- Tiene suerte, ¿lo sabe?

- No, no creo que lo sepa.

Se colocan la ropa despacio, y en silencio, deseando desaparecer de ese vestuario. Lucas desearía que jamás hubiera pasado lo que acaba de pasar con Elena, porque solo le ha servido para comprobar, una vez más, que solo desea estar con Sara, que solo a ella se muere por besar, que sola a ella puede amar.

12 enero 2008

Regálame solo esta noche.

Busca su mágnum, en la parte de atrás de su pantalón, y al encontrarla allí, como siempre, respira tranquilo.


Esta al tanto de la oleada de robos que últimamente se están sucediendo en San Antonio, pero jamás pensó que los cacos tuvieran la mala puntería, otra vez, de robar en la casa de dos subinspectores de policía, y mucho menos hoy, precisamente hoy, cuando esta cansado, hambriento y lo único que le apetece es darse una ducha, comer algo e intentar dormir sin que Sara y su cuerpo desnudo, bajo el suyo, lo atormente durante el sueño.


Intenta asomarse por la ventana para ver algo y así hacerse a la idea de cuantos son los que están cometiendo la estupidez de robarle, pero la cortina está echada y dentro, obviamente, todo está a oscuras. No le queda otra, tendrá que entrar, y esperar que no sean muchos. Mariano se ha ido a pasar el fin de semana al pueblo, y Paco está cenando con Lola, así que tendrá que solucionar esto él solo.


Abre la puerta con sumo cuidado, intentando hacer el mínimo ruido posible para sorprenderles, pero al abrir, y mientras apunta con su pistola al supuesto ladrón, el sorprendido es él.

- Sara, coño ¿qué haces aquí?
- Lucas, qué susto me has dado -dice mientras, con la mano en el pecho, intenta calmar un poco, el tremendo susto que se ha llevado -¿Siempre entras así en casa?
- Solo cuando dentro hay alguien a quien no he invitado -lo dice con la mayor chulería de la que es capaz, pero solo lo hace para que ella no note la sorpresa que se ha llevado al tenerla allí, en su casa, después de tanto tiempo. Mira a su alrededor y todo lo que ve le parece totalmente encantador y familiar. La mesa está puesta, el olor de la cena, calentándose en el horno, invade la estancia, las luces están apagadas y en la sala solo se distingue la tenue y calida luz de las velas, todo ello mezclado con el silencio acogedor solo interrumpido por una música suave que, ambos, conocen bien.

Sin poderlo evitar, su imaginación vuela de nuevo hacia tiempo mejores, aquellos tiempos en los que vivieron en la buhardilla, y a Sara le encantaba esperarle con sorpresas parecidas. -¿Cómo has entrado? -lo pregunta por decir algo y por romper un silencio chivato que Sara sabe que significa, pero él sabe cómo ha entrado. Sabe que todo este tiempo ha tenido las llaves de su casa en su bolso, y él jamás le ha dicho nada, con la esperanza de que algún día ella volviese a usarlas.
- Tengo las llaves y quería darte una sorpresa. Pensé que igual, tras de un horrible día de trabajo, tendrías hambre, y como no esta Mariano, no quería que secenaras solo -se encoge de hombros resuelta como si esa situación fuese los mas normal del mundo- Ve a cambiarte, ponte cómodo, en seguida estará lista la cena.
- Pero Sara...
- Ve -ya no le mira. Se dirige hacia la cocina, rezando, implorando, que él no la pida que se marche. Solo una noche, quiere tener una noche con él, una noche para ellos solos, como las de antes.
- Sara no podemos hacer esto -la sigue asustado ante sus propios sentimientos, esto le gusta, le gusta demasiado- Sara, mirame.
- Solo una noche, Lucas. -lo mira a los ojos con una sorda suplica en su mirada- Regálame solo esta noche.

Asiente con la cabeza y se aleja hacia la habitación. Está más nervioso de lo que quiere reconocer y tiene miedo de como puede acabar la noche. Sara tiene novio y no entiende por qué le busca, pero sabe que a él, cuando le buscan, le encuentran y más si se trata de ella, por algo es su única debilidad.

- Huele bien
- Y sabe mejor, ya verás. Siéntate cari… Lucas, ya está listo. Ve abriendo el vinito.
- Ummmmmmmm, esto esta riquísimo Sara -dice sorprendido cuando prueba la pasta que le ha hecho ella de cena. No sabe si en realidad está tan buena como a el le parece o solo le gusta porque lo ha hecho para el, no recuerda que Sara cocinase así, por que es la lasaña más rica que ha probado nunca.
- No se me da mal del todo cocinar. Aprendí a hacer muchas cosas cuando vivimos juntos -le mira pícara y Lucas sonríe travieso también.

Siguen bebiendo y disfrutando de la cena entre risas y confidencias, y más tarde se ponen más cómodos tumbándose en el sofá rojo. Ambos se han regalado una noche sin rencor, sin mal rollo y están disfrutando como hacia tiempo que no lo hacían, con nadie. Recuerdan momentos que han vivido juntos, y esta noche, firman una tregua para recordar solo lo bueno que han tenido, haciendo que los dos añoren con nostalgia lo que más aman y han perdido.

- ¿Alguna vez piensas que hubiera pasado sino me hubiera marchado de la buhardilla para volver con mis padres?
- Antes lo hacia, ya no -miente Lucas. Durante unos instantes se queda callado, pero el vino, el ambiente y la mirada expectante de ella, le animan a continuar - Cuando te fuiste, y muchos meses después imaginaba que nunca habías cruzado esa puerta y que seguíamos allí, sin dinero, sin trabajo, sin familia, pero juntos. Imaginaba que los sábados, viendo películas en el sofá comiendo palomitas no se habían ido, que llegaría el domingo y volveríamos a quedarnos hasta la hora de comer en la cama, hablando, riendo y..... bueno, ya sabes -Sara sonríe y se limpia una lágrima que baña su mirada. Se acerca más a Lucas y se recuesta en su pecho, a la vez que mete su mano por debajo de la camiseta de Lucas y recorre el mapa de su espalda buscando su calor.
- ¿Y qué más imaginabas?
- Imaginaba que nunca te habías marchado.
- Yo también Lucas. Imaginaba que nunca había sido tan idiota para perderte, o que cuando me di cuenta del error, tú todavía querías estar conmigo ¿Te imaginas? Seguiríamos comiendo esas cenas tan horribles y oyendo al vecino de arriba roncar -dice Sara intentando quitar hierro al asunto.
- Si, y ahora tendríamos un perro con la horrible desgracia de llamarse Madagascar
- Es un nombre precioso, no digas que no -ríen recordando todas esas cosas que les hicieron tan felices como si hubieran pasado hace un millón de años. Se recuestan más en el sofá y sin darse cuenta, las risas y las bromas les han acercado aún más el uno al otro, hasta que sus caras casi pueden rozarse y las risas paran de golpe para dejarse llevar el uno hacia el otro. Como si quisieran saborear ese momento, permanecen en silencio, sin tocarse, mirándose intensamente a los ojos, hasta que, sus manos, rodean sus cuerpos para sentirse aún más unidos. Juntan sus bocas en un beso tranquilo, dulce, calmado, que ninguno quiere que acabe nunca.

- Sara, esto no.... ¿Y Aitor? -dice como puede con la respiración entrecortada por el deseo.
- Lucas, puedo explicarlo. No es lo que parece, te lo explicaré todo, pero ahora... ahora no.... -no quiere tener que hablar ahora y romper el momento. Quiere a Lucas, siempre le ha querido y le quiere ahora. Necesita saber que él también quiere estar con ella, que la desea de la misma forma que antes, que siempre, y no quiere que el recuerdo de Aitor y de otros errores pasados pueda estropear el momento.

No dice nada y se deja hacer. Porque, aunque necesita saber en que punto están Sara y Aitor, también necesita besarla. Interrumpen sus besos solo para mirarse y comprobar que lo que están viviendo es real. Despacio le acaricia el pelo, y la cara con sus dedos pulgares, mirándola a los ojos, y algo le dice que debe parar como hizo el otro día, pero su cuerpo, todo él, quiere seguir así con ella, para siempre.

El ruido de unos insistentes nudillos en la puerta les coge por sorpresa, y aunque ella le pide, ansiosamente, que no abra, él se ve en la obligación de hacerlo. Y se levanta del sofá, tras besarla nuevamente, con la intención de despachar, sin ningún miramiento, al intruso que ha osado interrumpir el momento con el que lleva soñando meses, pero cuando lo hace, cunado abre la puerta, ambos ven como Elena, llorando, se echa en brazos de Lucas buscando consuelo y estropeando así una noche perfecta y lo que podía haber sido su reconciliación. Sara, indignada, los observa desde la otra punta de la habitación con cara de fastidio mientras intenta reprimir, con todas sus fuerzas, las ganas de pelea, no puede con Elena, y mientras la ve abrazada a Lucas llega a la conclusión que no va poder jamás, y eso que todavía no sabe, que este, gracias a la molesta interrupción, ha vuelto a recuperar la cordura. Con las luces encendidas, sin música y con Elena llorándole en el hombro, Lucas solo puede pensar que menos mal que no ha pasado lo que iba a pasar, porque Sara tiene novio y él....... él tiene que olvidarse de ella de una vez sino quiere seguir sufriendo.

30 diciembre 2007

Ya lo veras....

Tarda algunas horas en decidir si es buena idea ir a comisaría hoy o si mejor se queda en casa. Tener que verle de nuevo, después de lo que ha pasado esa mañana es demasiado duro para ella, y tener que ver a Elena, después de lo que pasó entre ellos la noche anterior lo es todavía más… No cree poder soportarlo, pero aun así decide ir. Y decide ir porque no le va a poner las cosas fáciles a Elena, No, de eso no hay nada. Sabe que ha cometido muchos errores, muchos, muchísimos quizás, pero también sabe que Lucas, algún día podrá llegar a perdonarla y volver a quererla de nuevo. Tiene que conseguir que él la escuche, que la entienda, tiene que conseguir que él vuelva a mirarla con esa mirada tierna que lleva toda una vida regalándole.

Le busca entre decenas de papeles, de agentes, de público, y no lo encuentra por ningún lado. Desea que todavía él no se haya ido a ninguna misión y que permanezca en la comisaría, necesita verle, hablarle. Pero no hay ni rastro de él, no lo encuentra por mucho que lo busca, y es tanto el afán que pone que al voltearse casi desesperada tropieza con Lucas que inmerso en unos papeles no se ha percatado de su presencia.

- Perdona, -la sujeta por el brazo evitando que caiga- ¿te he hecho daño?
- Con el golpe no, esta mañana puede que sí…
- Si no te he hecho nada en el choque me voy. Lo de esta mañana ya está hablado.
- ¿A sí? ¿Y con quién lo has hablado tú? Porque a mí no me has dicho ni una sola palabra Lucas.
- Sara, no lo pongas más difícil. Mira, sé que han pasado muchas cosas entre nosotros y por eso mismo, creo que lo mejor es que tengamos el mínimo roce posible. Cuanto menos mejor. No quiero verte Sara, ni hablar contigo, ni nada. Es lo mejor para todos. Supongo que lo entiendes.
- ¿Entenderlo? Claro que lo entiendo Lucas, no soy idiota. Quieres alejarte de mí y hacer como si lo nuestro nunca hubiera existido, como si fuera una desconocida. Como ahora molesto, me quieres quitar de en medio, ¿no es eso?
- No, Sara, claro que no. Pero…Joder! Mira, déjalo. Ahora no puedes entenderlo, pero ya lo harás.

Lucas se vuelve a marchar dejando a Sara con la palabra en la boca por segunda vez en el mismo día. Se aleja de ella, preguntándose si ella le hará caso y dejará de buscarle a todas horas. Él desea que no sea así. Quiere olvidarla, pero vivir sin ella, sin verla, sin hablarla le parece demasiado duro por ahora. Ha estado toda su vida a su lado, y no cree que pueda prescindir de ella de la noche a la mañana, no de su risa, ni de su mirada, ni de su alegría, no de ella, aunque sabe que, con toda seguridad, sería lo mejor.

- Te llama tu padre, al parecer no puedes estar todo el día como una mujer florero estorbando a todo el mundo ahí en medio. Que creo que tienes que estudiar –dice Elena de forma brusca.
- Lo de mujer florero lo ha dicho mi padre o lo has dicho tú? ¿Qué pasa, que en el Hierro no os enseñan modales?
- Mira niña, yo no estoy aquí de paseo como tú. Yo no vengo a intentar ligarme a todos los policías. Yo vengo a trabajar, no ha hacerme la amiguita de la hija del jefe.
- Ja, a trabajar. Pues si que vas a trabajar mucho tú aquí ¿Cuánto llevas aquí, una semana, diez días? Y ya te has liado con un compañero. Si, si, vienes a trabajar muuuuy duro. Se nota!!!!
- Mira, niñata, no te consiento…. Pero tú, ¿quién coño te crees que eres para meterte así en mi vida privada? –no entiende a esa niña. Esta con Aitor pero mira a Lucas como si fuese de su propiedad y ademas esta todo el día mirándola mal a ella, acosándola, persiguiéndola. Tentada está de explicarle que ella con Lucas no tiene nada para que la deje en paz, pero esa niña se merece una lección y ya que todo el mundo la trata como la princesita del cuento, ella va a enseñarla modales –Que yo esté con Lucas no te da derecho a inmiscuirte en mi vida. Porque él es tu tío, pero yo no.
- Mi ex tío y político –dice para sí misma mientras ve como Elena se marcha orgullosa de haberla dado justo donde más duele. Sara no puede con la rabia que invade su cuerpo y se aguanta las ganas de ir a buscar a esa tía y decirle cuatro cosas. Pero no es su estilo, no así. No va a dejarse perder por ella, porque ella ahora mismo tendrá el cuerpo de Lucas, pero Sara tiene su corazón, aunque ahora el esté tan dolido como para darse cuenta de eso.

Mientras hace que estudia en el despacho de su padre mira a Lucas y a Elena conversar y reirse divertidos a la vez que preparan un operativo. Vale, lo tiene difícil, y lo sabe. Más difícil que nunca. Pero solo por eso, va a tener que ser más lista y jugar mejor sus cartas. Va a conseguir que Lucas recuerde porqué se enamoró de ella.

-¿Queréis un café? –dice mientras posa la bandeja en la mesa grande que preside el despacho.
-Sarita, tú aquí no estás para servir cafés leches, ¿cómo tengo que decírtelo?
- Papá, estoy en un descanso ¿Verdad Mariano que me has dicho que tengo que hacer de vez en cuando descansos para fijar bien los conocimientos en mi cabeza?
- Si, Paco si. Se lo he dicho yo a la niña. Que no puede liarse a estudiar y hala… que luego viene el estrés, la ansiedad y luego nos suspende, y repite y se nos junta con lo peorcito de la clase y…
- Vale, vale, Mariano, que cansino eres. Rubia, sirve los cafés para airearte un poquito. ¿Ves que rica es mi niña Mariano? Siempre atenta de su padre.
- Que la niña sirva los cafés y nos deje trabajar a los demás, que algunos venimos aquí a hacer eso y no a pasear los libros –dice Elena susurrando, mientras la mira de nuevo con cara de mala leche, para que solo Sara que esta a su lado pueda oirla,
+, bajo la atenta mirada de Lucas que sorprendido, no sabe lo que pasa.
- Uy Elena, para ti no hay. He debido contar mal.
- A ver si aparte de las asignaturas que tienes que sacarte en septiembre vas a tener que repetir hasta preescolar niña. Da igual, no bebo café mientras trabajo.
- Ya lo sé para lo próxima vez, bonita.
- Gracias Sara, ahora por favor….. Estamos trabajando –dice Lucas, intentando evitar un encontronazo entre ellas que no entiende a que viene ¿Desde cuándo se llevan mal sin que él lo sepa?

Sara se marcha de nuevo disgustada, porque su plan ha empezado mal. La Elena de las narices tiene respuestas para todo así que es mejor pasar de ella y centrarse en Lucas cuando este solo. Y por eso ya tiene preparada la siguiente parte de su plan.

Esa noche, sale con Aitor, Jimmy y unos amigos y a pesar de que a sus padres les ha dicho que volverá tarde, va a regresar muy temprano, y mas le vale a la Elenita haberse marchado a casa y no estar allí, por que se va a encargar, con todas sus armas, de que Lucas sepa que ha vuelto, que lo ha hecho para quedarse, y que lo ama mas que a nadie.

14 diciembre 2007

Estamos enamorados de la misma mujer

Entre risas y bromas consigue, desde que la cerradura deja de moverse, abrir la puerta de su casa. Han bebido más de la cuenta, pero tanto Lucas como Elena se sienten excepcionalmente bien y el se está divirtiendo como hace mucho no lo hacia.

Se sientan en el sofá y Lucas le ofrece una copa, que ella acepta encantada a pesar de que están bastante borrachos ambos.

E -¿No crees que ya hemos bebido demasiado?
L -No -se ríe con ganas de la situación. La noche no empezó bien y se alegra de haber conseguido divertirse al final. Y se lo debe a ella.
E -Vale, vale. -levanta las manos en señal de rendicion, se alegra de haber separado a Lucas y a Aitor y que al final todo quedase ahí, al fin y al cabo todos eran compañeros- La última y pido un taxi, que no creo que pueda conducir.
L -Ya veremos

Una copa da paso a otra y esa a otra mas y así mientras el liquido de la botella va desapareciendo, la bebida va minando los animos de los dos, que a causa de esta, comienzan a decaer.

Llevan ya varios minutos en silencio, mirando al vacío sin concentrarse en nada en concreto, cuando de pronto Elena se atreve a preguntarle lo que lleva horas, rondandole por la cabeza.

E -Lucas, ¿por qué os peleasteis Aitor y tú?
L -Me dio un pisotón en la pista de baile.
E -Ya... -dice con cara de fastidio porque él no quiere contarle lo que ella se muere de ganas por saber.
L -Estamos enamorados de la misma mujer -la bebida le anima a confesar algo que jamás diría sin haber bebido. Y por primera vez en mucho tiempo no miente. No se excusa diciendo que estaban enamorados de la misma mujer pero que ya se ha acabado. Confiesa sin pudor que sigue enamorado de ella.
E -¿Qué? ¿Aitor y tú? ¿De quién?
L -¿Sabes que preguntas mucho subinspectora? -se levanta como puede y le tiende la mano solicito- Anda, vamos a la cama.
E –¡Venga ya! -lo mira incrédula, acaba de decirle que esta enamorado de otra y aun así cree que ella va a compartir su cama- ¿Te crees que estoy lo suficientemente borracha para querer acostarme contigo? ¡Tu flipas!.
L -Tú verás. -se encoge de hombros- El sofá es muy incomodo.

Elena se echa en el sofá, no quiere compartir la cama con Lucas, no se fía de ninguno de los dos. Bueno, en realidad de quien no se fia es de ella misma, por que para ser sincera Lucas en ningún momento, durante la noche, le ha insinuado nada. Intenta dormir, pero media hora más tarde, la espalda le grita de dolor y de puntillas, esperando encontraselo dormido, se acerca hasta la cama de Lucas para tumbarse a su lado. Él duerme y ella, discretamente, mira su cara y su cuerpo mientras piensa que es el hombre más guapo que ha conocido jamás. Con sumo cuidado para no despertarle, acaricia su cuerpo, le toca el pelo y descubre que lo desea con toda su alma.

Despierta temprano sin saber donde está, pero al sentir la respiración de Lucas sobre su espalda recuerda donde ha dormido y lamenta, para sí misma, que no haya pasado nada entre ellos. Se levanta con cuidado para no despertarle, y, turbada, corre hacia el salón en busca de su ropa, pero al que encuentra es a Mariano, en calzoncillos, canturreando una canción y preparando café.

E -Ehh... Hola Mariano ¿Qué tal? -Están avergonzados y no saben que decirse, no todos los días se ve al compañero de trabajo en ropa interior. De reojo se miran y dejan escapar una sonrisa divertida.
M -¡Qué sorpresa Elena! ¿Quieres un café?
E -Vale. -le da la espalda mientras se viste- Gracias Mariano.
M -Te la doy a cambio de que no digas en comisaría lo de mis calzoncillos.
E -Ummm, por el olor este café es bueno. -sonrie para si misma- Bien se merece que no le cuente a nadie lo de tus calzoncillos con florecitas
M -Mejor- tapa su cara para que Elena no perciba el sonrojo que le han producido sus palabras, y busca algo que decir para olvidar el asunto -Vaya bienvenida has tenido a la comisaría, eh? ¿Lo pasaste bien en la fiesta?
E -Si, claro. Muy bien. Los chicos son majisimos.
M -Los chicos son majisimos y Lucas es maravilloso.
E -Esto no es lo que tú crees Mariano, entre Lucas y yo .... vamos, que no.... que no ha habido nada joder.
M -No te preocupes mujer. Que Lucas y yo somos como hermanos. Y no sería la primera vez. Vamos que muchas veces me he levantado con una mujer en mi casa -sabe que ha metido la pata al ver la cara de Elena e intenta arreglarlo -vamos, muchas veces tampoco. Alguna vez, de vez en cuando. Ha pasado un par de veces. Que él no es así. Bueno, antes si era así, se acostaba con quien fuera, que no amaba -sabe que está metiendo la pata pero no encuentra la forma de arreglarlo- Pero se enamoró como un loco, pero vamos que ya no está enamorado, que es todo para ti. Claro si tú lo quieres, que él no me ha dicho nada. A ver si tú ahora te crees que estoy haciendo yo de alcahueto a estas alturas, que no....
L -Vale, Mariano. Déjalo coño, que vas a asustar a la pobre chica.
M -Si yo solo quería explicarle Lucas, que lo suyo no es como con las otras, que...
L -Pero que cojones me estás contando. Que no ha pasado nada. Nada ¿entiendes? Nada.
M -Vale, vale. Pero si hubiera pasado, que yo sé que ha pasado, no pasaría nada, porque sois tan parecidos que estáis hechos el uno para el otro...
L -Joder, tú estás flipando Mariano. Te estoy diciendo... -levanta la voz cabreado para hacerle saber a Mariano que él con la nueva, no tiene ni va a tener nada.
M -Elena, que yo.... -llaman a la puerta y Mariano se siente salvado. Sabe que se ha metido donde no le llamaban y tanto Elena como Lucas tienen cara de mala leche. Abre la puerta sin mirar quien es, porque sigue hablando con los dos policías intentando justificarse. -Vamos que tenéis mi bendición… Ah, hola Sara. Buenos días.

Sara ignora a Mariano y mira dentro del piso para ver a Lucas y a Elena en ropa interior desayunando mientras hablan. Lucas la mira también y con la cabeza la dice que no, pero Sara no puede evitar echarse a llorar creyendo saber lo que ha pasado, y se marcha corriendo a su casa.


L -Cojonudo. Me cago en la puta hostia. Joder.... -siente rabia porque Sara haya visto eso y se haya hecho una idea de lo que no es. No le debe ninguna explicación porque no están juntos y ella tiene novio, pero.... pero todavía, aunque le cueste, vive pendiente de ella.

Elena mira la escena alucinada y comienza a entenderlo todo. Lucas, Sara, Aitor. Ahora entiende muchas de las cosas que pasan en San Antonio.

Tras ducharse, tienen el tiempo justo para llegar a comisaría y Elena se ofrece a llevarles en su coche. Paco y Mariano aceptan encantados que la nueva "chica" de Lucas les lleve en su viejo ford, pero él tiene algo que hacer y con una excusa se queda en casa. Cuando ya ve que se han marchado por la corrala, sale de su casa nervioso y se dirige hacia la casa de los Miranda para hablar con Sara, aunque no sabe siquiera si ella estará allí todavía o se habrá ido a comisaría ya.

Entra preguntando si hay alguien en casa y se sorprende al no escuchar ningún ruido. Se asoma al pasillo de las habitaciones y ahora sí escucha, en la habitación de Sara, unos pequeños quejidos. Sin saber si hace lo correcto, llama a la puerta y abre y se muestra ante él una Sara hecha un ovillo sobre la cama, llorando.

S -Vete.
L -¿Sara, qué te pasa? ¿Estás bien? -la imagen de Aitor besando a otra chica la noche anterior se le viene a la cabeza y piensa que quizás ella se haya enterado ya. No sabe que decirla, no sabe que hacer en estos casos. Le da una pena y una rabia enorme ver a Sara así.
S -Déjame en paz Lucas. Márchate de mi habitación, de mi casa.... de mi vida!!
L -Tranquilízate. Cuéntame lo que te pasa y yo quizás te pueda ayudar mi niña ¿Es por Aitor? ¿Te ha hecho algo?
S -¿Aitor? Qué cínico Lucas. Aitor sería incapaz de hacerme daño, pero tú... tú que te exhibes con tu nuevo rollete sin importante quien pueda verte.
L -Ah, que es eso. Que a la niña le jode que ya no esté llorando por los rincones por ella, ¿no? -se levanta de un golpe a escuchar las explicaciones de Sara. Aitor sería incapaz de hacerla daño, pero él no, él es capaz de hacerle daño a todo el mundo.
S -No es eso. Pero... me duele que hayas olvidado lo nuestro tan pronto, que hayas olvidado todos los buenos momentos. Me duele que te puedas enamorar de ella y yo para ti ya no signifique nada -dice entre lágrimas.
L -Pues lo siento Sara. Pero cuando lo elegiste a él, también me dejaste a mí la libertad de elegir con quien quiero estar. Y ahora no puedes hacer nada para que nolo haga.
S -Eres idiota Lucas, idiota ¿No te das cuenta de lo que tenemos tú y yo? No vas a poder olvidarme, siempre voy a estar en tu cabeza como tú lo estás en la mía. Puedes intentar engañarte con otras mujeres, pero tú y yo sabemos la verdad.
L -Creo que la única que se está engañando eres tú bonita. Quizás te has dado cuenta de que tu querido novio no era lo que esperabas y ahora vuelves para que el pringado de Lucas te perdone de nuevo como si no hubiera pasado nada. Olvídalo.
S -Te odio, te odio, te odio. Me has destrozado la vida. Ojala pudiera no verte más, eres.... -descarga toda la furia que siente en ese momento dando golpes al aire, que Lucas recoge en su pecho intentando calmarla. Pero Sara está desatada, dolida por lo que él la acaba de decir, y destrozada por la posibilidad de no volver a tenerlo nunca -eres el ser más despreciable que he conocido jamás. Te odio -mientras lo dice busca sus ojos y no puede evitar besarle tal como lo hiciera tanto tiempo atras, con toda la rabia y la fuerza que tiene dentro.

Lucas intenta resistirse, pero el deseo es más fuerte que él. Se le va la vida en ese beso y en todos los que vienen después mientras la echa sobre la cama y la toma con fuerza la cara con las dos manos. Con ansia y desesperación recorre su cuello con sus labios mientras con sus manos acaricia su pelo y la aprieta fuerte contra sí. Ambos se desean tanto que se olvidan de donde están, de todo lo que ha pasado entre ellos, para vivir, aunque sea por unos instantes, el amor que sienten en sus propios cuerpos.

Sara le quita la camiseta y comienza a acariciarle la espalda, a arañarle, a sujetarle con fuerza. Le pellizca el trasero, le toca el pelo. Le faltan manos para acariciar aquello que tanto necesita. Lucas, jadeando, le despoja de la camiseta y del sujetador y concentra toda su atención en besar los pequeños pechos de Sara que se lo están pidiendo a gritos. Cree no poder aguantar más, ha echado tanto de menos su cuerpo, sus caricias, su calor. Sigue bajando por su vientre dejando una estela de besos y caricias que a Sara le hacen volar y pedir desesperada que continue.



Sin poder apartar sus manos de ella, Lucas dirige su atención hacia los pequeños shorts de Sara e introduce su mano en el interior, para darle todo el placer del que es capaz. Ella, ante esa caricia, gime desesperada y cree morir de placer, hasta que Lucas, la mira a los ojos y por un momento, recupera el norte y se da cuenta de lo que está haciendo.

L-Sara, no, no, no. Esto no puede ser. No podemos volver a lo mismo -se levanta y comienza a buscar su camiseta entre todas las prendas que hay en el suelo. Torpe y distraído busca sus zapatillas intentando no mirar a Sara para no arrepentirse de lo que acaba de hacer.
S -¿Qué haces Lucas? No puedes irte así. Los dos lo estamos deseando, dime que no lo quieres tanto como lo quiero yo -se levanta, lo abraza por detrás, y acariciando su espalda comienza a darle pequeños besos.
L -No. Yo no lo deseo. Sé que me arrepentiría, sé que los dos lo haríamos. Sara, tienes novio y yo... yo no quiero volver a cometer los mismos errores -la mira por última vez y se marcha de su cuarto, dejando a Sara más destrozada de lo que estaba antes de que él llegase.

22 noviembre 2007

No fui yo

Desde la barra le ve entrar por la puerta solo y se sorprende de lo guapo que está. Parece haberse vestido especialmente bien esta noche y eso la pone celosa. Lucas siempre ha sido guapo, pero esta noche, concretamente, está impresionante con sus desgastados vaqueros y su polo negro.

Ve como se sienta en la mesa después de comprobar que no hay ningún compañero todavía en el bar y con dejadez comienza a juguetear con una servilleta.

Con sigilo se acerca despacio a él, intentando encontrar en su cabeza algo que decirle. Necesita que Lucas la escuche, que sepa toda la verdad y que la entienda.

S -Lucas
L -Hola Sara ¿tu padre todavía no ha bajado?
S -No, está intentando meterse dentro de sus pantalones favoritos de hace diez años -sonríe y Lucas lo hace también. Se miran a los ojos y se ven dentro de ellos.
L -Entonces supongo que va para rato. Mejor me voy a la barra a tomarme una cervecita
S -Lucas, no lo hagas. No sigas huyendo de mí. Necesito explicarte todo, necesito que sepas como están las cosas ahora -acaricia su mano que él rápidamente aparta- por favor….
L -¿Cómo están las cosas ahora? No hace falta Sara. Ya yo sé como están las cosas. Tú estás con un novio de tu edad al que tú y toda tu familia adoráis, y yo estoy solo, que es como me merezco estar, ¿verdad?
S -No Lucas, eso no es así.
L -¿Qué más da Sara? Todo da igual, ahora los dos teníamos lo que queríamos.
S -¿Si? ¿Qué tenemos Lucas, dímelo, que tenemos? No tenemos nada.
L -Tú tienes a tu novio y yo tengo de nuevo mi vida.
S - Y a Elena
L -¿Elena? ¿A que viene eso? Y además, a ti que coño te importa
S -A que viene eso dice. Vaya, que mala memoria tienes ¿Cuánto vas a tardar en ligártela? Seguro que ya la tienes a punto de caramelo.
L -Lo que tú digas Sara…
S -La seducirás, la dirás que ella es lo más importante, que nadie te puede dar lo que ella te da. La besarás, la abrazarás y la harás sentir la mujer más especial, ¿verdad Lucas? Le dirás que con ella todo es diferente y que lo vuestro es especial -está celosa y dolida y salen palabras de su boca que no siente -y luego te cansarás de ella como lo haces de todas, la dejara hecha polvo y la olvidarás.

L –Que yo haré que?-acaso ella esta diciéndole que el fue quien termino su relación- Sara mira....olvídame.

Cabreado se levanta de su silla y se dirige hacia la puerta del bar sin mirar hacia atrás. No puede creer que Sara piense eso de él ¿De verdad se cree que lo que ellos tuvieron no fue especial? ¿De verdad piensa que todo lo que le dijo a ella se lo dice a todas? No puede creerlo. Tan poco lo conoce ella.

Cuando está a punto de salir por la puerta, entran Mariano y Paco acompañados de todos sus hombres y sin poder hacer nada para evitarlo le conducen hasta otro bar para comenzar la noche de marcha.

No tiene muchas ganas de fiesta, pero se deja embriagar por el buen ambiente que tienen el resto de sus compañeros y comienza a tomarse unas copas buscando animarse e intentar olvidar la conversación con Sara, cosa que por supuesto no consigue.

La noche para él transcurre despacio pero a su alrededor todo el mundo parece pasarlo bien. Paco y Mariano, ya han bebido más de la cuenta y pronto, cerca de las cuatro de la mañana, deciden que ha llegado el momento de marcharse a casa. Como Lucas es el que mas sereno esta, Paco le pide que se quede compruebe que todos llegan a sus casas pronto, ya que al día siguiente tienen que ir a comisaría temprano y tampoco es cuestión de ir sin pegar un ojo.

Harto de esperar a que sus compañeros decidan acabar con la fiesta y loco por marcharse ya a dormir, Lucas se va al baño en busca de algo de tranquilidad, huyendo del ruido infernal y la gente que, intentando animarlo, lo están agobiando.

Cuando vuelve nuevamente a la pista busca con la mirada a sus compañeros y se encuentra a Kike y a Curtis bailando encima de una barra, a Povedilla y a Rita bailando abrazados, a Elena rodeada de hombres deseosos de bailar con ella y a Aitor.... A Aitor lo ve prácticamente encima de una mujer cuya cara le resulta familiar, pero que no recuerda conocer. En un principio piensa que es por el ruido, porque sino se acercan no se van a oír, pero desde lejos e incluso con la poca luz que ilumina el local, Lucas puede distinguir como la mano de Aitor está sobre el muslo de la chica y como la acaricia y aprieta contra sí.

Intenta no mirar, no quiere ver como el desgraciado del becario es capaz de mirar a otra chica que no sea la preciosidad rubia que tiene por novia. Intenta hacerse el loco pero al recordar que Sara y Aitor están juntos, y que lo eligió en ves de a él, el odio que siente hacia el joven policía se acrecienta por momentos y la situación le parece todavía más insoportable. Como puede tener a su lado lo que él más quisiera para sí y engañarla. No cree poder soportarlo más, y cuando mira otra vez hacia el lugar que ocupan en un sillón de la discoteca y ve como Aitor besa con pasión a la chica a la que momentos antes acariciaba, sabe que algo tiene que hacer; jamás permitirá que el maldito capullo que Sara eligió como novio, haga daño a lo que más quiere. Bastante le cuesta vivir con su conciencia al saberse la persona que más daño ha hecho a Sara en su vida, como para ser el cómplice de otro engaño que le rompería el corazon.

L- Aitor, ven conmigo -dice mientras aprieta con fuerza su brazo para sacarle fuera del local, a la vez que mira con desprecio a la chica que le acompaña.
A- Suéltame Lucas, ¿qué coño te pasa? ¿Te has vuelto loco?
L- ¿Y tú? ¿Tengo que recordarte que tienes novia?¿Me puedes explicar que coño hacías con la tía esa ahí dentro?
A- Joder Lucas -dice más tranquilo, creyendo que si solo era eso a Lucas el enfado se le pasaría rápido- Si tanto te molesta luego te la paso.
L- Gilipollas -le golpea. Es su compañero y sabe que no debería, pero no soporta oír como trata con ese desprecio a una mujer y tampoco soporta que no sienta el más mínimo cargo de conciencia al estar engañando a Sara.
A- Cabrón, ¿qué coño haces? Me las vas a pagar!! -Con toda la rabia que siente en ese momento empuja a Lucas con fuerza y le golpea con toda la crudeza de la que es capaz.


Se enzarzan en una pelea feroz que viene de lejos; ambos se tienen ganas desde hace mucho tiempo y quieren cobrarse todas las deudas hoy que tienen la oportunidad.
El resto de compañeros salen de la discoteca, y al ver la situación se meten por medio para separarles.

E -Lucas, Aitor ¿Qué pasa? Que sois compañeros, y policías!!!
A -Eres un gilipollas tío ¿A qué viene esto? No la quieres para ti y no la quieres para nadie tampoco.
L -No te mereces a alguien como ella cabrón. Ella no se merece que la hagan daño.
A -¿Y lo dices tú? Qué hipócrita puedes llegar a ser tío.


Lucas sabe que Aitor tiene razón: él tampoco se portó bien con Sara y la hizo mucho daño, pero eso no justifica que él la esté engañando. Si fuera él el que estuviera con Sara, nunca, jamás, en la puta vida, la engañaría con otra mujer, porque no hay nadie como ella.

Abatido y bofeteado por una gran verdad, se marcha cabizbajo. Elena no sabe que ha pasado, y no entiende que les ha podido llevar a esa situación ni de quien hablan, pero quiere estar con Lucas y saber como se siente después de esto.

E -Lucas, espera. Te acompaño a casa.
L -Déjame Elena, quiero estar solo
E -Necesitarás a alguien que te cuide las heridas, te ha dejado la cara como a un mapa. Aunque él se ha quedado peor -le sonríe y Lucas sonríe también. Algo de compañía no le vendrá mal esta noche.
L -Vamos, te invito a la última.

12 noviembre 2007

Sara y Elena juntas en comisaria

P -¿Qué Lucas, no nos vas a contar nada de tu cita de ayer? -dice mientras se mete un sobao en la boca tras lo cual pone cara de un inmenso placer.
M -Eso Lucas, cuenta chaval.
L -No hay nada que contar, ayer no tuve ninguna cita -se ha levantado malhumorado, y lo que menos le apetece en este momento es tener una conversación sobre la nueva. Bastante le ha costado levantarse esta mañana, y más, volver a desayunar en casa de Paco, como para que encima le estén tocando las narices.
M -Venga tío, ¿no nos lo vas a contar a nosotros? Que no te oí llegar a casa anoche, debiste llegar muy tarde...
L -Si no me oíste es porque roncas como una piara de cerdos entera Mariano, que se te oía desde el otro lado del mundo. Pero yo a las dos estaba en casa, después de haber dado un paseo SOLO.
P -Ya, solo ¿Y con la nueva que hiciste?
L- ¿Qué que hice de qué? Coño, que pesaos sois joder. La acompañé a casa, y acabamos tirándonos los trastos.
M -Ves Paco, te lo dije, que Lucas había recuperado su toque. Que ha vuelto el seductor, el macho, el latin lovers o como se diga.
P -Muy bien chaval, así me gusta. Rehaciendo con alguien de tu edad.
M- ¿Entonces qué Lucas, os tirasteis los trastos y os disteis un besito? ¿O acaso queréis ir más despacio? Si es que lo sabía, lo sabía. Que yo para esto tengo mucho ojo. En cuanto la vi, supe que estabais hechos el uno para el otro Lucas. Qué bien, qué bien. Esta misma noche la invito a cenar a casa para que se vaya acostumbrando a mis san Jacobos.
L -¿Pero de que cojones me estás hablando? ¿No has oído lo que os he dicho? Acabamos tirándonos los trastos, que casi nos matamos. Que la jodida loca casi me deja en el suelo con una patada de kárate, o judo o lo que coño sea lo que hace esa. Que está muy loca la tía, pero muy loca. Paco, a esa la tenemos que vigilar pero bien. Bueno, la tenéis que vigilar pero bien, porque yo no la quiero ni ver, ni en pintura.
M -Uy, Paco esto me huele a mal de amores ¿Te ha dado calabazas?
L -No me toques los cojones Mariano… que no esta el horno para bollos!!!!!!

Ha estado espiando toda la conversación sin ser vista. Se ha levantado un poco triste y baja de moral, pero ahora, después de oírle a él decir eso tiene más fuerza. Parece que la nueva, después de todo, no ha calado tanto en el corazón de Lucas, y ella todavía tiene la posibilidad de enmendar su error.... siempre que consiga antes que Lucas la vuelva a mirar a la cara, cosa por lo que parece, todavía no va a pasar.

Decidida se va a acercando más a la cocina hasta que la última frase la deja clavada en el sitio apunto de desmayarse de la impresion

M -Pues yo sigo pensando que estáis hechos el uno para el otro. Ya verás Lucas, como al final acabáis juntos.... que vais a estar muchas horas los dos de operativo y ya sabes, el roce...

Sara siempre ha sabido que Lucas y ella están hechos el uno para el otro. Siempre. Jamás ha tenido ninguna duda. Pero nunca, nadie, se lo ha dicho a ninguno de los dos. Y ahora, ella, a escondidas, tiene que escuchar como Mariano, le dice a Lucas que otra está hecha para él. Le hubiera gustado mucho tener la comprensión y el apoyo que ahora todos le dan a la “supuesta” relación de Lucas con Elena, pero su relación jamás la tuvo. "Es igual" -piensa -"Nosotros siempre hemos sabido que nacimos para estar juntos… Yo lo se y solo me falta que todos los demas también lo sepan”

S -Buenos días -saluda con su mejor sonrisa a todos los presentes. Lleva puesto unos de los short que tanto le gustan a Lucas, y se siente decepcionada al ver que él apenas la mira
P -Sara cariño, desayuna un poco. Mamá ya se ha bajado a los Cachis ¿Ya sabes lo que vas a hacer el resto del verano? Algo tendrás que hacer

S -No lo sé papá. Todavía queda mucho para los exámenes de septiembre, y puedo tomármelo con calma.
M -Sarita, mejor no lo dejes para el último momento que luego pasa lo que pasa.
P- Claro que no, claro que no lo va a dejar. Te has ido de vacaciones con tu novio, porque el verano también es para disfrutar, pero ahora hay que dar el callo, ¿eh niña? Por las mañanas vas a estudiar y por las tardes a los Cachis a ayudar a tu madre.
S- Queeeeeeeee siiiiiiiii papaaaaaaaaa
P -¿Tú la oyes Mariano, la oyes? Cuatro asignaturas que ha suspendido y me toma por el pito del sereno. Mejor será que yo te vea estudiar Sara, sino te llevo todos los días a comisaría para vigilarte personalmente.
L- Yo me voy ya. Os espero abajo.
P- Voy a por mi chaqueta, esperarme aquí que nos vamos todos.

Mariano huye de la tensión que se palpa en el ambiente y se va detrás de Paco. Acaba de tener la idea de su vida y emocionado quiere que Paco le de su consentimiento.

S -Lucas -dice susurrando y acercándose más a él -que he pensado que mejor estudio en la comisaría y así podríamos vernos más y así hablamos.
L -¿Hablamos? ¿Quienes? ¿Tu novio y yo? ¿Tu novio, tú y yo?
S -Tendremos que hablar de lo que ha pasado, ¿no?
L -Sara... ¿tu novio no te solía venir a buscar a estas horas? ¿O le han regalado un mapa y ya no se pierde en las rotondas?

S -Dime lo que quieras, Lucas, que me da igual. Tenemos una conversación pendiente y la vamos a tener tarde o temprano, no vas a poder huir toda la vida de mí.
L -Déjalo Sara, es tarde…
S -Eso ya lo veremos -a pocos centímetros de su cuerpo Sara se reclina sobre él y pasa su mano por todo su torso. En el pasado esa táctica le funcionó. Lucas con la mirada sigue el camino que va recorriendo el dedo de Sara y vuelve a sentir las mismas cosas que sentía antes cuando la tenía cerca. Ninguna mujer en su vida le había hecho sentir eso, y nunca, ninguna otra será capaz de lograrlo. Lucas lo sabe, y es algo que lo atormenta por encima de cualquier otra cosa. No, no puede. No puede y no quiere volver a caer.

L -Sara, basta. Mejor cada uno por su lado, como siempre tuvo que ser.

Lucas se levanta de golpe y se separa de ella, que, dolida, también se aleja un poco más de él. Sabe que se lo merece. Sabe que no lo eligió y que además, le dijo cosas que no pensaba, que le hicieron mucho daño. Pero le duele tanto ver así a Lucas.... tiene que ganárselo, tiene que hacer lo que sea. Quiere estar con él, necesita estar con el.

P- Que siiii, Mariano pesao. Que ya te he dicho que sí, que confió en ti.
M -Gracias Paco. No te vas a arrepentir, te lo juro. Sara, cariño, ven a aquí. Dame un abrazo. Verás que bien lo vamos a pasar, con disciplina, pero bien.
S -¿Quéeeee?
P -Sara, Mariano va a ser tu nuevo profesor. Te dará clase todas las mañanas en comisaría, en sus ratos libres. Te va ayudar a sacarte las que te han quedado.

Sara sonríe y mira a Lucas de reojo. Estar con el de nuevo, le va a facilitar las cosas. Y toda la mañana en la comisaria son muchas horas para ello.

Lucas no está tan contento, ni mucho menos. Sus dos amigos le han vuelto a complicar la vida, parece mentira coño. No sabe como lo consiguen, pero entre los dos, siempre consiguen amargarle un poco más su existencia.

Entran juntos en comisaría y juntos se dirigen hacia el despacho de Paco. El inspector y Mariano discuten sobre métodos educativos y sobre la problemática actual de los jóvenes españoles en general y de San Antonio en particular, mientras Lucas evita mirar a Sara y se mantiene lo más alejado posible de ella.

P -Povedilla, a mi despacho.
Po -Buenos días inspector Miranda. Buenos días subinspector Moreno. Buenos días subinspector Fernández. Señorita subinspectora Miranda, buenos días, qué agradable es verla por aquí después de sus vacaciones.
P -Povedilla, corta por dios. Necesito que tú y el otro becario traigáis una mesa y una silla a mi despacho y lo acomodéis como podáis por aquí.
Po -Señor Inspector Miranda, el becario segundo y su yerno de usted y yo estaríamos encantados de instalar una mesa supletoria aquí, pero no cabe. Imposible. Las dimensiones mínimas de una mesa son demasiado grandes para este despacho.

P -Coño, iniciativa, eh Povedilla. Si no cabe aquí la pones ahí fuera, cerquita de mi despacho y cerquita de la mesa de Mariano. Que Sara se tiene que instalar ahí.

Alegre y servicial el agente Povedilla vuelve acompañado de Aitor cargados con una mesa y con una silla y la acomodan entre la mesa de Lucas y Mariano.

Lucas de reojo, ve como Sara y Aitor conversan y se ríen de algo. Les supone felices de verse a todas horas en comisaría y eso le molesta aún más. Él no está feliz de verla, no quiere verla. Si, si quiere. Quiere verla, pero sabe que no debe. Tenerla cerca a todas horas, y verla con su novio es lo peor que le puede pasar.

E -Eh tú, alelado. Ya estás en tu nube para variar -le zarandea un poco para que vuelva a la realidad. Siempre le pilla pensando en otra cosa, y empieza a pensar que soñar despierto es habitual en él.
L -Coño, ¿qué fue del Hola, buenos días? Todo lo tienes que hacer con esa mala leche.
E -Usted perdone señor marqués. Repasaré mi manual de buenos modales la próxima vez que quiera dirigirme a ti.
L -No hace falta. Me conformo con que te leas un manual de autocontrol ¿Siempre eres tan., tan .... tan así?
E -Que va…. A veces soy mucho peor…
L -Pues es una suerte tenerte por aquí -dice con ironía mientras se aleja. Esa tía le pone nervioso. Le saca de sus casillas. Siempre tiene la palabra exacta para sacarle de quicio, y lo consigue cada vez que la ve. Y hoy precisamente no es el mejor día para vacilarle. Elena y Sara en el mismo sitio, a la vez... antes la comisaría era el único sitio en el que tenía paz, pero ahora ni eso.


Por segundo día consecutivo se dirigen a la nave abandonada, y al llegar, descubren, que hoy el que vigila la nave no es solo un tío grandote y fuerte, sino cuatro hombres armados hasta los dientes. La idea del narcotizaje ya no es factible y tienen que buscar otro método. Lucas y Paco están de acuerdo en que lo más sencillo sería infiltrar a un policía en la nave y Marino, inmediatamente, sabe que él es el elegido.

Vuelven a la comisaría casi a la hora de comer a preparar el operativo, con las protestas de Mariano de fondo.

Elena se dirige al vestuario para cambiarse. Van al operativo esta tarde, y Lucas y ella son los encargados de ir a comprar una peluca para Mariano en la hora de la comida.
Se está quitando el uniforme, cuando se abre la puerta del vestuario y aparece Sara con una mochila al hombro, dispuesta a cambiarse también.

E -Hola, ¿qué tal?
S -Hola. Bien.
E -Te llamas Sara, ¿verdad?
S -Si
E -No sabía que trabajabas aquí
S -Y no lo hago -se muestra seca y cortante. Esa chica no le gusta y quiere dejárselo claro. No quiere intentar parecer simpática, le da igual lo que Elena piense de ella. De pronto se da cuenta, de que esta coincidencia en el vestuario le puede beneficiar: si le pregunta a la policía que siente por Lucas, quizás no se lo cuente, pero ya podría saber de que pie cojea -Elena, ¿tú tienes novio?
E -¿Novio? No, yo paso de novios, prefiero concentrarme en mi familia, mis amigos y mi trabajo.
S -Ya, bueno, pero habrá algún hombre que te interese.
E -Siempre hay alguien que te interese para darle una alegría al cuerpo
S -¿Lucas?
E -¿Lucas qué? -pregunta sorprendida ante las preguntas tan directas de la hija de su jefe con la que hasta ahora no había cambiado más que un par de palabras.
S -No sé. Os he visto hablar y como estáis todo el día juntos, he pensado que quizás vosotros...
E -¿No crees que nos conocemos muy poco para estar hablando de esto?
S -Bueno, bueno, no te pongas así mujer -dice intentando quitar hierro al asunto -solo me interesaba. Lucas es mi tío, y solo quería saber que había entre vosotros.
E -¿Lucas te ha dicho algo?
S -¿Lucas? Qué va. Él no es de esos. Lucas pasa de meterse en jaleos. Él no quiere tener ninguna relación con ninguna mujer, solo ir de flor en flor. Solo quería avisarte para que no te hicieras muchas ilusiones.
E -Ya, avisarme. Tranquila, que no me hago ilusiones. Además, ¿quién te dice que yo no estoy buscando lo mismo que él, ir de flor en flor?


Sara se queda muda sin saber que decir al comprobar que sus peores sospechas parecen ser ciertas: Elena está interesada en Lucas. La mira de arriba a abajo y se da cuenta de lo guapa que es; precisamente el tipo de Lucas. Cree, que si ella se lo propone podrá enamorarle como algún día lo estuvo de ella. Quiere decirle algo. Algo que la disuada de intentar algo con Lucas. Quiere convencerla de que no es la mejor opción, pero no le salen las palabras.

E -Adelante -grita Elena sin dejar de mirar a Sara al oír el ruido de la puerta.
L -Elena, ¿estás ya, nos vamos?
E -Si, vamos.


Lucas echa una mirada rápida a Sara y se gira, sin que le de tiempo a ver las lágrimas que afloran a sus ojos. Le pierde, sabe que le pierde y no sabe que puede hacer para llegar a él.

Lucas ensimismado, camina por el pasillo acompañado de Elena sin escuchar lo que dice. Si oye cuando Mariano llega hasta ellos y con su mejor sonrisa les avisa:

M -Elena, esta noche salimos por ahí todos los compañeros para celebrar que has venido. A las diez te esperamos en los Cachis.